'LA BATALLA', por Burka Teatro.

Teatro Guimerá. Domingo 25 octubre 2015.

Por el susodicho Jordi Solsona.

 

Llegué dos horas antes. Me cité con un amigo para hablar de nuestras cosas y ver juntos el espectáculo. Tomamos una caña en el bar de la calle por donde sube el tranvía. En la terraza mucha gente viendo el fútbol. En eso que vi a Nacho, la otra pata de Burka teatro. Nos saludamos y tomó asiento con nosotros. Estaba en forma. Esta vez no dirigía a Aranza, echaba los restos en la producción. Nacho cree en ella. Yo también. A los tres minutos me espetó: “no seas muy duro con ella”. Sabía lo que me quería decir. Siempre quiero que la gente del teatro me emocione; más cuando el texto es de la propia Aranza, por lo que el riesgo es cuádruple. Y todavía más cuando el texto es algo tan íntimo que desnudará a la autora (y persona) frente a los recuerdos de su abuela. Siguió la conversación y Nacho hurgó en mi sabida postura a favor del independentismo (catalán y de cualquier otro lugar que desee autogobernarse). Viré el tema hacia la colonización imperialista del idioma inglés y de ahí hacia el disparate. La conversación tomaba unos derroteros más bien molestos para un servidor. Pero no, no interferirá en mi opinión personal sobre el espectáculo que empezaría en una hora más o menos.

'La batalla' representa la postura vital de una mujer que espera a su marido emigrado. Lo espera cargada con cinco hijos aquí en la isla. Lo espera para verlo llegar y luego verlo partir de nuevo. Hasta que regresa enfermo y muere. Todo ello desde el punto de vista de una nieta que no entiende una vida 'a la espera', en stand by. Para contarnos la historia recurre a Penélope como arquetipo de situación. Y a la propia abuela enfrentada al recuerdo subjetivo de la nieta.

No seré duro con Aranza, Nacho. Incluso te diré que puede que le den muchos premios por este trabajo. ¡Mira qué texto le ha hecho Juan Mayorga! Y sin embargo me aburrí.

No seré duro con Aranza, porque ella y sus actrices hacen un enorme esfuerzo sobre el escenario. Incorporan elementos interesantes como la incursión en la danza contemporánea con gestos compulsivos e iterativos muy bien sincronizados. Rebozadas en harina resultaban muy sensuales. Por cierto ¿quién limpia luego el suelo del teatro? Con todo y eso, no consiguen que la historia alcance ningún punto de efervescencia.

No seré duro con Aranza porque me parece un ejercicio de sinceridad. Pero no me basta la sinceridad para emocionarme. Conozco varias mujeres como la abuela de Aranza. Incluso conozco mujeres con vivencias mucho más intensas. Tal vez es que no me sirve la impostura para que me cuenten ciertas historias. Todo me sonó más a un taller de crecimiento personal, de esos de autoayuda, en los que uno rebusca en sus orígenes y sus propios orines para superar algún trabe. Si quiero ese tipo de emociones, ya tengo a Theodore Zeldin y su 'Historia íntima de la humanidad'. ¡Eso sí son casos!

No seré duro con Aranza porque es muy buena actriz, igual que sus compañeras de reparto. Aunque en ningún momento las sentí auténticas. Pero yo me equivoco muchas veces, ya sabes. E insisto que será una obra que arrancará premios.

No seré duro con Aranza, por más que el inconsciente se le colara por ahí al elegir los boleros como temas de fondo. Un amor de bolero. ¿Es eso lo que busca la nieta para su abuela?

No seré duro con Aranza porque ya la vi otras veces (y me gustó) arrastrando una escenografía volumétrica y ambulante para configurar espacios. Hay mucho Burka Teatro en ese planteamiento. Una mise-en-scène que, por recurrente, no me ayudó digerir el asunto.

Me gusta el ombligo de Aranza. Pero no el ombliguismo. Nunca soporté a mi abuela durante hora y media. Y mira que pasó vicisitudes mi abuela. Mira que me contó sucesos extraordinarios, como cuando mataron a su hermano en el baile, o cuando curaba a los heridos de guerra, o cuando murió aquel pastor delante de ella atravesado por un rayo, o las infidelidades de su marido montado a caballo. Me gustan las explicaciones rápidas. Soy capaz de emocionarme en un segundo. Será por eso que lo que recuerdo con mayor intensidad de mi abuela eran las lavativas que le puse siendo ella ya muy mayor, y su carne blanca y macilenta. Eso no se explica al público. Eso se cuenta bajito, de tú a tú.

Querido Nacho, Burka estrenó en Madrid y todavía se oyen por aquí los aplausos. En el Guimerá también hubieron muchos, y mucho público se puso en pie para aplaudir. También hubo quien consultó el móvil durante la pieza, incluso tres o cuatro suspiros de aquellos incómodos.

Dice Juan Mayorga: “Una experiencia teatral llena de poesía y de piedad”. Qué bueno que un mismo producto arranque puntos de vista tan divergentes.

¡Hala! Ya tienen material los lectores y lectoras que opinan que mis crónicas tienen tanto de personal, que son tan subjetivas, que soy tan cabrón, que debería dedicarme a otra cosa. Ya me dedico, ya, a otras cosas… Pero mientras siga teniendo este espacio de libertad, y me siga apasionando el teatro… Alea iacta est.

Puede que le den muchos premios por este trabajo. ¡Mira qué texto le ha hecho Juan Mayorga!