Castillo Interior

El sueño dorado de los 80 y sus canciones desenterradas

La Feria del Disco Canario celebra desde este jueves su tercera edición nuevamente en el Espacio Cultural Aguere de La Laguna. Tres días de actividades, presentaciones, charlas, mesas redondas y otros eventos de diversa índole como audiciones, radio en vivo y por supuesto conciertos.

Entre las muchas opciones de esta edición nos encontramos con la presentación el viernes 6 de octubre del disco ‘Canciones Desenterradas’ y del libro ‘El Sueño dorado’ de Castillo Interior ambos editados por Los 80 pasan factura.

Es sin duda una de las grandes sorpresas que nos ha deparado este 2017 en Canarias ya que se trata de la publicación de un disco de 1987. Sí, amigos, como lo leen. Un trabajo de Castillo Interior, oscura formación tinerfeña convertida ahora en banda de culto, que aparece 30 años después de su grabación, acompañado además de un fenomenal libro que cuenta la historia de la banda y de muchos de sus coetáneos, además de hacer un sabroso repaso a su inolvidable fanzine, ‘La Criba’. Todo esto ha ocurrido gracias al empuje de Los 80 pasan factura, el sello que se encarga de recuperar y actualizar joyas del pasado musical en una inmersión casi arqueológica por la discografía de las Islas Canarias.

El disco se llama ‘Canciones desenterradas’ y se editará dentro de un pack que contiene un vinilo de 10 pulgadas, un compact disc y el libro ‘El sueño dorado’.

Quedamos con Jordi y Horacio, guitarristas de Castillo Interior, y nos acompañó Yotti Delgado, responsable del sello/editorial para que nos contaran algo más acerca de esta epopeya.

.-¿Cómo se sienten tras un parto de 30 años? ¿Están ilusionados?

Horacio.- Más que ilusionado yo me siento sorprendido. Es inesperado y también una excusa para volver a tomar contacto con la gente de la época. Es el resultado de un enorme trabajo que resulta de la recuperación, digitalización y publicación de un disco del que nunca tuvimos claro que fuera a ver la luz en algún momento.

Jordi.- Yo me siento más ilusionado. Es el final de un ciclo, el cierre de una cuenta pendiente con la historia que finalmente se salda.

.-¿Y creen que después de 30 años hay interés en la historia y la música de un grupo que dejó de existir hace casi tres décadas?

H.- Claro, 3 o 4 personas tendrán interés, seguro, contando a Yotti. (Risas)

Yotti Delgado.- Como en otras producciones de Los 80 pasan factura tiene pinta de que se venderá mucho más fuera de las islas. Tengo claro que sacar el pack de disco más libro es una mala estrategia de marketing, pero era lo que más ilusión me hacía.

J.- Yo espero que otros lo quieran porque se vean reflejados en el libro. No habla solamente de Castillo Interior, ten en cuenta que no somos Ataúd Vacante y que después de 30 años es complicado acordarse de todo. Nos hemos olvidado de muchos grupos y amigos y seguramente merecía ser un libro más gordo. hemos querido contextualizar el pasado de la banda con historias y anécdotas de otros grupos de los años ochenta que sí que vivimos de primera mano, al igual que la historia de nuestro fanzine, ‘La Criba’, donde nos preocupamos por estas bandas. 


H.- Esta no es una historia de éxito, en el 87 había más gente haciendo música de gran nivel. Sí que es cierto que mientras bandas como Ataúd, Familia Real o La Donna Inmóvil hacían una música más contagiosa, Castillo Interior cultivábamos un género más oscuro, con guitarras influenciadas por el noise que no calaban tan fácilmente en la audiencia. Sufríamos la incomprensión del público. Nos gritaban perlas como “¡Aprende a tocar!” y cosas por el estilo.

J.- A pesar de eso y de que no fuimos un fenómeno de fans, como ocurrió con otros grupos, sí que llegamos a reunir a más de 100 personas en el Garaje Hermético, e incluso a más gente.

.-¿Cómo se ve aquella época desde 2017, se sentían realmente diferentes por interpretar música siniestra?

H.- Yo lo recuerdo como una disociación. A diferencia de otros no me identificaba con el rock clásico. En algún momento, el rock, al igual que el punk, dejó de tener un sentido de provocación. Era raro ver a gente vestida de negro, ahora existen tiendas de ropa gótica y está dentro de la normalidad. Después de un tiempo se ha reivindicado este movimiento. Pero sí que teníamos afán de llevar la contraria, sentirnos excluidos y auto excluirnos.


J.- Sentíamos orgullo de parecer distintos, éramos antisistema. Y sí que tocábamos una música que no se hacía habitualmente en las islas. En cierta manera hacíamos algo rompedor.

H.- El punk nos parecía viejo, y aunque abrió la puerta a otros estilos elegimos identificarnos con un género quizá más “intelectual”, aunque no creo que esa sea la definición correcta. 

.-¿Cómo se mezcla un disco 30 años después?¿Recordaban las canciones?

H.- Intentamos mezclarlo como si lo hubiéramos hecho en aquel entonces. Queríamos ser lo más fieles posibles a los Castillo Interior de la época. En los 80 el concepto de estudio nos sonaba rarísimo. No lo entendíamos. Ahora quisimos mantener ese espíritu y ser fieles al directo de la banda.

J.- Teníamos las canciones grabadas en cassette, eran grabaciones de conciertos. Aún las escucho y me sorprendo de lo bien que sonaban los temas. Para el disco tuvimos incluso que desechar temas a los que le faltaban pistas, no nos planteamos volver a grabar lo que faltaba, no tenía mucho sentido. Los años y la experiencia nos han beneficiado, al final es un trabajo que hemos sabido hacer entre todos.
 

.-¿Cómo de complicado fue recuperar una grabación de los años 80?¿Quedaron contentos con el resultado?

H.- La idea de mezclar los temas viene de muy atrás. Llevábamos años intentando acabar esta grabación. Teníamos una de las bobinas que compramos por 5.000 pesetas después de grabar para que no la sobreescribieran, pero faltaba otra que seguía perdida. Forma parte de la historia negra del estudio, se pelearon y dividieron las producciones. Estaba escondida en un cajón y costó muchísimo localizarla. Yotti fue quien nos convenció y se la jugó por nosotros.

Y.D.- Se recuperó una parte, la otra estaba inservible por el moho y la humedad. Pero lo complicado fue encontrar el magnetófono que se adaptara a las medidas de la cinta, 8 pistas de media pulgada. Llegué a comprar hasta tres modelos de magnetófono para ver si había alguna posibilidad, hasta que conseguí uno en Gran Canaria. Aún así la digitalización exigía que alguien pusiera el pulgar sobre la cinta, presionando sobre el cabezal para que se fuera grabando cada pista a tiempo real. Una locura.

J.- Se perdieron algunos temas, pero las canciones más representativas forman parte de estas ‘Canciones Desenterradas’.

.-¿A qué se habría parecido Castillo Interior si no se hubiera disuelto?¿Les quedó pena acabar con el proyecto?

H.- El grupo se rompió porque nos desanimamos, porque no había locales, teníamos 18, 19 años. Una buena edad para irnos de juerga y probar de todo, pero no tanto como para no acordarnos. Algunos entraban en la universidad, cada uno iba haciendo su vida y ensayábamos cada vez menos, además de que nunca pudimos editar el disco. 
Yo me veo más como público en los años 90 y menos dentro del grupo, mis gustos iban más hacia el techno, la electrónica y la música de baile más oscura, no sé si hubiéramos evolucionado hacia algo más radical como Nine Inch Nails o Ministry, quizá mis gustos hubieran conseguido que nos peleáramos en un futuro imaginado.

J.- A mí sí que me quedó pena de que el grupo se disolviera porque nos llevábamos muy bien, nunca hubo peleas ni malos rollos. Yo sigo escuchando la misma música de entonces Siouxsie & The Banshees, Bauhaus, Killing Joke y Bowie, que a mi entender fue con lo que se inició todo. Supongo que hubiera querido mantener también esas influencias.