La imagen de portada de esta entrada hace muy presente el hueco de las cartas no compartidas, aunque preparadas para el público eventual que pudiera asistir a lo que Ernesto Escapa y Marta Alaiz (artísticamente 'somospeces') han querido llamar 'Télépathie'. Tras una residencia corta iniciada con un verano tímido y acabada en medio de un bochorno irrespirable, a la andaluza, esta pareja llegada desde León abrió la puerta para compartir un trabajo hecho casi solo de amor. Sí, vale, suena muy ridículo y bastante cursi, pero... ¿y cómo lo digo, si básicamente es eso?

Esta vez me ha tocado acompañarles en el proceso, lo que me ha permitido ver que efectivamente esta pareja tiene mucho amor que dar. No porque se intuya, sino porque lo ponen en práctica con cada pequeña cosa. Así que fuera quien fuera y cuanto fuera, el público asistente iba a recibirlo. La cosa es que fuimos muy pocos, tal vez menos que nunca pese al entusiasmo y la difusión (pasamos una tarde de cervezas conversando con los artistas en el Equipo Para, siempre abierto a esto de compartir con placer y a las buenas maneras).

Las explicaciones comparten con las excusas que las hay de todos los colores: Que si el calor. Que si la gente en la playa. Que si apetece una caña y no el teatro. Que si la gente no se ha enterado. Que si las fiestas.

Claro. Claro que sí. Siempre hay una, diez, cien explicaciones para justificar que la cosa público no esté, es decir, que las personas no asistan y no formen público. Cansa e interesa poco hablar del tema cuando las ausencias ocurren. Al hacerlo valoramos más la ausencia que las presencias. Y eso sí que no. Eso no puede ser. De hecho, los trabajos que apoya el LEAL.LAV están precísamente en lo contrario: son... no como el Facebook, sino como un amigo de verdad. Como ocurre en 'Télépathie'. Se revaloriza la presencia. De lo poco que tenemos.

Quizás por eso me sorprendí a mí mismo diciendo una frase sentenciosa al escuchar lamentos de otros excusando al público. Dije algo así como: 'No, si excusas para no venir al teatro siempre sobran. Lo que faltan son excusas para venir'. Dentro de mí vive un viejo cascarrabias. Es difícil, pero me suele caer bien.

Performers y acciones
'Télépathie' cuenta con unos performes de lujo que realizan una serie de acciones pautadas que previamente desconocen, de las que se les va dando instrucciones para su realización: son los asistentes. Atención, porque no he dicho el público, sino los asistentes. Las personas que acuden a la llamada de 'Télépathie'. Ahí está el primer prejuicio que cae: que uno vaya a esta pieza no significa necesariamente que sea a verla, sino a hacerla. Y así empezamos, aprovechando la cercanía de las fiestas laguneras, dando un paseo telepático como rito de paso para despojarnos de ese algo tonto desde el que actuamos nornalmente, entrando en lo que me ha gustado llamar 'Romería telepática'.

  

Cuando digo 'performers de lujo' no es solo un juego. Toda la propuesta es realizada por los asistentes, mientras que los creadores toman el rol de 'conductores' o 'administradores' de la acción. Nos acompañan fluctuando entre momentos de mayor o menor (o nula) actividad por su parte.

E insisto en lo del lujo. Aunque fuéramos tan poquitas personas, la disposición y la apertura fue absoluta, y aunque en principio podía parecer decepcionante, nadie reparó en eso. Más bien al contrario, cada cual se implicó en trabajar con lo que teníamos como lo teníamos. Así, aunque fuimos un elenco de actores reducido, el espacio y el juego fue todo nuestro, y la entrega se dio sin contemplaciones. Con esa base aceptada por el grupo (sin que en ningún momento nos hayamos tenido que sentar a ponernos de acuerdo) la relajación aparece, y con ella, las presencias, de entrada tímidas o veladas, comienzan a irradiar. Y cada cuerpo da y admite cientos de lecturas, y las relaciones entre cuerpos hacen visible una red que casi podríamos llamar coreografía si una parte de la palabra coreografía no viniera a liarnos la red un poco, en este caso.

Al final, y desde el principio, Alfredo y Marta plantean una pieza que, dicho rápido y mal, consiste en algo así como 'te invito al salón de mi casa y ya verás lo bien que lo pasamos'. Claro que la cosa no está abandonada al azar. Pero la naturalidad es tan grande que se adueña de todo lo que ocurre. Y así lo comentamos desde dentro de la performance, en la que cabe parar para reirse, escuchar lo que otro tiene que decir, para mirarnos y estar juntos de verdad, como si nos conociéramos de toda la vida. O tal vez lo que pasa es que la pieza crea un espacio y un tiempo en el que estar juntos de una manera en la que el tiempo o los motivos por los que pudiéramos conocermos dejan de importar, lo que posibilita que nos conozcamos de verdad. Una pieza que crea ese tiempo.

Una pieza con un foco de atención que se mueve igual que en una cena entre amigos, según fluye la conversación y la noche, o que se subdivide y multiplica si empieza a pasar mucho a la vez. Porque en 'Télépathie' (sí, ya se que a estas alturas lo has adivinado, pero tengo que decirlo) no hay público. Quien viene es protagonista absoluto, y de haber un público, éste está formado por Marta y Alfredo, que nos regalan su propuesta para que quienes la habitamos (osados, creyendo antes que 'nos van a hacer algo') hagamos una performance con nuestros propios cuerpos, voces, opiniones, decisiones, maneras de movernos, dudas, presencias.

La sala de Cámara del Teatro Leal de La Laguna, centro de operaciones de esta maravilla que tenemos en la isla y que se llama Laboratorio de las Artes en Vivo, LEAL.LAV, ha acogido antes experiencias donde el público es invitado a formar parte activa de lo que ocurre y en las que acaba realmente haciéndolo. En esta ocasión me quedo con las ganas de ver el trabajo de Alfredo y Marta con 40 personas, de vivir las multiplicidades que se habrían entretejido entonces. No obstante, ser tan pocos deja a la vista el entramado y hace las situaciones más frágiles y delicadas, necesitadas del cuidado del grupo, lo que también resulta peculiar.

Y antes de dejar de escribir todo esto, decir una última cosa: Hay momentos en los que uno encuentra una línea conectora. Aquí he encontrado una. Me refiero a la que a mi entender une el trabajo de esta pareja venida desde León con el trabajo que desarrolla Societat Doctor Alonso, sobre todo en 'El desenterrador', que ya nos visitó la pasada temporada. Sofía Asencio y Tomás Aragay podrían llevarse mejo o peor con Marta Alaiz y Alfredo Escapa. No importa (auque seguro que se llevarían bien). No importa porque sus trabajos, aunque jueguen en ligas diferentes, lo que me da exactamente igual, son primos lejanos, pero primos.

No en vano, a Marta Alaiz se le ve a la legua un interés por lo antropológico cuando habla de su propio trabajo. Un trabajo que comparte con 'El Desenterrador' ese querer apartarse, ese dejar pasar al que cree que viene solo a ver, difuminando protagonismos para ser otra cosa juntos, para perdernos en ese fango primigenio donde el lenguaje deje de significarse. Aunque es obvio que a fuerza de dar paladas 'El Desenterrador' es un trabajo que está bastantes estratos más abajo de éste, Alfredo y Marta han encontrado un agujero por sus propios medios y tienen ya una pata metida en la misma mierda. Desde aquí queremos animarles a que sigan caminando sin miedo a sumergirse en ella, les deseamos reencontrarnos pronto y que tengan una experiencia en Portugal, donde se llevan este invento con el que nos han hecho vivir una experiencia tan bonita y compartida. Despidámonos pues con la foto en la que como parte de la performance (no como cierre, sino como una más de las escenas o acciones) nos convidaron a unas tapas de almogrote y unos vinos que disfrutamos al fresco de la terraza del Teatro Leal, hablando de la isla, de senderos peligrosos, del clima, de las fiestas de León, del origen de algunas palabras, sin toda esa gente que no acierta a creer que tras la playa, el teatro y una caña son incompatibles.

 

créditos y dos notas:

*IMÁGENES : Una vez más, todas las fotos son de Javier Pino y su mirada. Más en la página de Facebook del LEAL.LAV.

*NOTA 1) Hermosos contrastes: Observar la baja afluecia de público y comprobar que entre los asistentes se encuentra una pareja que es la primera vez que acude al LEAL.LAV, que al ver en el periódico 'entrada gratuita, aforo limitado' llega con mucha antelación. Verles flipar con el espacio. Verles implicarse en el juego y la propuesta a tope. Despedirles y ver que se llevan un par de sonrisas en las caras. Saber que estarán pendientes de la agenda, que se lo dirán a sus amigos, que volverán.

*NOTA 2) Nota especial para Marta y Alfredo, pero también para Tomás y Sofía: Como todo está conectado o como conectamos todo, me ha pasado algo hace un par de días: He descubierto la película WALKING LIFE del director Richard Linklater, me la he tragado entera y me ha dejado un resacón que aún estoy intentando digerir. No es fácil, advierto, pero es... realmente hermosa, al menos en mi escala de valores. Al margen de gustos y opiniones, si coincide que en algún momento de relax pueden verla, comprenderán por qué me hace conectar con cada trabajo (con 'Télépathie' y con 'El Desenterrador') y con cada persona que lo realiza. Gracias por eso.

 

Alfredo Escapa y Marta Alaiz abren 'Télépathie' tras su proceso de mini-residencia 3'33 en el LEAL.LAV