Cuentos muy tiernos

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Antonio Conejo fue el maestro de ceremonias en este tercer asalto del XV Festival de Narración Oral que empezó puntual. Un breve repaso a la historia del evento y los correspondientes agradecimientos a colaboradores y patrocinadores, sirvieron de introducción para que saltaran a la palestras los invitados de la noche. Primero; Jesús Bayón y luego, Juan Luis Moreno. 

Aún no era de noche cuando Jesús Bayón entró tímidamente al escenario para desgranar un buen puñado de cuentos. Algunos más largos que otros. Es sin duda su forma única de contar la que retiene al público sentado sobre el duro escalón. No se puede ser más inocente y vibrante a la vez. Entre cuentos y narraciones de contenido divino y humano, de su cosecha o de la de Eduargo Galeano, este profesor jubilado, fue capaz de hacer que cualquier historia con contenido político, cruda y sangrante, se  transformara en un dulce y tierno momento. El narrador repetía un año más en Verano de Cuento, es normal. Contadores como este son difíciles de encontrar, y que encima se atrevan a narrar en público, casi imposible.

Juan Luis Moreno fue la segunda pieza de la noche. A veces tan inocentón como Bayón, casi igual de tierno pero con ese punto de humor absurdo que conquista a la grada sin apenas proponérselo. Moreno también repetía, aunque lleva un tiempo trabajando en Madrid, sigue volviendo a El Sauzal para ofrecer su arte a este público siempre tan especial como atento y respetuoso. Sus fábulas fabulosas e historias fabuladas, inspiradas en los clásicos pero con ese punto despistado que ofrece Moreno, fueron la píldora de diversión que necesitaba la noche. Juan Luis puede con todo, y por eso comenzó con una desternillante introducción para que, más o menos a mitad de su intervención, comenzara con lo que denominaba como "el espectáculo en sí". Historias inspiradas, o más bien sugeridas por los dedos de la mano, y con más o menos implicación temática. En alguna de estas se hizo acompañar, con notable éxito - de su amigo y compañero Antonio Conejo. La verdad es que al público nos daba igual que saltara de una historia a otra o que en mitad de una narración nos contara una anécdota. Es la magia de los cuentos y la siempre complaciente permisividad del público de la Plaza del Príncipe para cuando y quien está delante del telón sabe lo que se hace.

Recuerden que van quedando menos viernes para que acabe agosto y que todavía tienen la oportunidad de asistir a las cuatro próximas funciones. Y no olviden que pueden también ayudar a la Fundación Either echando sus donativos en las garrafas que la organización pasea por el recinto al final del espectáculo.

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