Mestizaje envolvente

Envueltos y envolventes. Tranquilamente situados a la cabeza de una trayectoria marcada por la originalidad, la honestidad y el buen rollo, los componentes de ST Fusión celebraron el pasado viernes por la noche en el Espacio Cultural CajaCanarias su décimo cumpleaños como una de las formaciones canarias más serias y creativas del momento. La efemérides fue tan intensa, híbrida, conmovedora y personal que logró cautivar a las decenas de asistentes (una entrada regular, teniendo en cuenta la ocasión) y embutirlos en una atmósfera cargada de melodías tan refinadas como elocuentes que se metían en los poros de la piel.

La simpatía que los ST despiertan entre el público comienza por ellos mismos. Un décimo aniversario constituye un motivo de celebración meritorio, más en los tiempos que corren para la cultura. Pero ellos, en lugar ofrecer una actitud distante para con la audiencia, erigiéndose como protagonistas de la velada y limitándose a mostrar su trabajada y elegante puesta en escena marcada por sus mejores éxitos, en el concierto del viernes lograron romper esa pared invisible que existe entre artista y público para hacerlo partícipe de esa amalgama de emociones melódicas. De hecho, si algo se le puede reprochar al cuarteto –ahora quinteto– es la sobriedad comunicativa, solventada a la mitad con un discurso lleno de agradecimientos y emotividad, inexcusable para la ocasión, a cargo de Tomás LP Cruz, quien también presentó, esporádicamente, alguno de los temas.

Pero los mejores mensajes estaban insertos en la selección de canciones interpretadas por ST Fusion, la mayoría compuestas por Satomi Morimoto. Primigenia fundadora de la banda junto a Tomás LP (nació como ST DÚO en Tokio, en el año 2003), fue la estrella de uno de los mejores momentos del concierto, cuando el resto de la banda la dejó sola en el escenario, junto al piano (y piano Rhodes) con el que regaló al público un popurrí de partituras que no solo resumen el recorrido de la banda canario-nipona, sino también de su propio itinerario vital y profesional, íntimamente ligados, como demostró con gran maestría: 'Nieve', dedicada a su madre; '3.718 metros', compuesta a dúo con el pianista Polo Ortí; 'Sing for Me', que escribió para su hermana; 'Happy Sound', que espera que algún día puede interpretarla su hija; y 'Perspectiva', una partitura creada para el 30 cumpleaños de Tomás LP.

En medio del debate sobre si el impacto de la globalización y la nueva sociedad de la información han cambiado las estructuras estilísticas del jazz –que, por otra parte, es de naturaleza mestiza–, propuestas como la de ST Fusión demuestran que el contacto con folclores locales, lejos de descomponer la pureza del género, lo mejoran. Intencionadamente o no, la música de esta formación canario-nipona resuena contundente como una declaración de intenciones para evidenciar, con mucha calidad y autenticidad, que la evolución del jazz no debe medirse en base a variables puristas sino al contrario, rompiendo las fronteras hacia la fusión.

Piezas como 'Trayecto occidental' y 'Arabesca', pasando por 'Frozen City' o 'Fifth Element' hasta  'Fuga dos' y 'Mathematic Semitone' dieron vida a una rápida evolución hacia un jazz del siglo XXI y cerebral que bebe de la tradición japonesa y la música popular brasileña pero que no deja de crecer hacia nuevos derroteros con el empleo de nuevas texturas de vanguardia. Una armonía descriptiva que también tuvo reflejo en la complicidad y buen hacer de los cuatro componentes de la banda: Tomás LP Cruz al bajo, Satomi Morimoto, piano y voz, la ecléctica guitarra de Miguel Manescau y los mejores ritmos de Akior García (batería).

La novedad, que no se pudo apreciar bien al no estar del todo limada, la incorporación de la percusión corporal del coreógrafo Jep Meléndez. Un nuevo ejemplo de mestizaje que suma.

Concierto de ST Fusion.
Espacio Cultural CajaCanarias.
Viernes 7 de noviembre de 2014.
Por La Cuadratura de García.
Fotos de Carlos Ulises.
 
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