24 horas en la vida de una mujer

"Pasar toda una vida obsesionada por un solo día de existencia"

El espectáculo musical ‘24 horas en la vida de una mujer’ narra cómo el breve romance que mantiene una mujer burguesa con un joven en Montecarlo cambia para siempre su vida; todos los acontecimientos que ocurren durante ese periodo harán tambalear todas sus creencias, debatiéndose entre sus deseos y lo que espera la sociedad de una mujer de su estatus. Un encuentro que marcó profundamente su vida y que la ha obsesionado durante largo tiempo.

La obra comienza cuando la Señora C, interpretada por Silvia Marsó, 20 años después de ese día y ya anciana, confiesa al hombre que la acompaña, interpretado en esta ocasión por Gonzalo Trujillo, el romance que mantuvo con aquel joven, papel en manos de Felipe Ansola. Le cuenta que, tras impedir que el chico se suicide al perder todo su dinero apostando en el casino, decide cuidarlo para impedir vuelva a tratar de acabar con su vida consiguiendo una habitación y un billete para que vuelva a su hogar. Durante esa noche, ambos dan rienda suelta a la pasión que les invade. A la mañana siguiente, después de que el joven le haya jurado que jamás volvería a apostar, decide dejarlo todo y marchar junto a él, dejando atrás a su familia y dispuesta a enfrentarse al escándalo que supondrá. Al final, el joven vuelve al casino y humilla a la Señora C cuando lo encuentra, acusándola de ser el motivo de su mala suerte en el juego. De nuevo en el presente, la protagonista desvela que supo que el joven acabó por suicidarse poco tiempo después del abrupto final de su corto idilio.

Esta obra es una adaptación musical de la novela ‘Veinticuatro horas de la vida de una mujer’ (1927) del escritor austríaco Stefan Zweig. Profundamente marcado por la represión que sufrió por el nazismo, tuvo que ver cómo se quemaban sus obras y fue obligado a exiliarse a América y otros países europeos. Su amistad con Sigmund Freud fue fuente de inspiración a la hora de dar forma a sus personajes y los dilemas morales a los que se enfrentan, siendo estos los ejes de sus escritos. 

La música de este montaje, compuesta por Sergei Dreznin, acompaña a la perfección cada momento de la obra, subrayando los sentimientos y el tono de cada escena. Del atrezzo, pensado para sugerir misterio a la par que desesperanza, destacan las largas cortinas manejadas por Gonzalo Trujillo, que escenifica la conciencia de los personajes principales e interpreta otros que interactúan brevemente con la Señora C a lo largo de la obra. Con ellas se ayuda a la transición de las escenas.

La obra acaba de nuevo en el presente. La Señora C, al confesar al fin los acontecimientos de aquel día, se ve liberada de la pesada carga del secreto y aliviada por no ser juzgada por el hombre que la acompaña. Sin duda, veinticuatro horas son suficientes para cambiar la vida de una persona de manera irremediable.

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