“Ser director de orquesta es un proceso que nunca se termina”

No solo se ha propuesto hacer de su profesión una forma de vida, sino que, como dijo Robert Browning, está empeñado ocupar con la belleza de la música los vacíos y soledades del ser humano. Nacido en la ciudad polaca de Wroclaw hace 40 años, Michał Nesterowicz tiene una particular manera de entender y asumir su trabajo-hobby, en el que no se ve en el papel de anfitrión o maestro de ceremonias en los conciertos, sino que prefiere desempeñar el rol de enlace entre las emociones que encierran las melodías y el público.

Su vocación le vino tardíamente y en plena madurez del pentagrama de la vida muestra hambre de hacer música sin empachar. En la cercanía, en vaqueros y sin batuta, se descubre como un hombre optimista, ambicioso en la exigencia, omnívoro cultural, con gran sentido del humor y una pasmosa inteligencia racional y emocional. Nesterowicz recibe a Lagenda al terminar uno de los ensayos de la recta final de la temporada de abono 2013-2014, que se despide el 27 de junio en el Auditorio de Tenerife Adán Martín con la 'Sinfonía nº5' de Gustav Mahler (que paradójicamente comenzó a componer cuando con cuarenta años de edad), para descubrirnos quién es el hombre que desde 2012 asumió la dirección titular y artística de la OST.

LAGENDA.- ¿Cuándo fue la primera vez que oíste hablar o entraste en contacto con la Sinfónica de Tenerife?

MICHAL NESTEROWICZ.- A finales de 2009. Recuerdo que era mi segundo concierto en España. El primero lo tuve en Gran Canaria y una semana después vine aquí para mi estreno con la Orquesta Sinfónica de Tenerife. Este contacto con la orquesta y otras de España fue como resultado de haber ganado el primer premio del Concurso Internacional de Dirección de Orquesta de Cadaqués. La organización de este concurso tan atractivo para directores jóvenes te ofrece, si ganas, una lista, larga lista, de orquestas con que después puedes trabajar en los siguientes dos años. Recuerdo que en la lista tuvimos casi 35-34 orquestas, no solamente de España, también europeas, de Viena, de Francia, de Inglaterra. Fue en este momento de mi vida, en 2008, que hubo un impulso hacia delante”.

L.- Y cuando te ofrecieron el puesto de director titular y artístico de la OST, ¿cuáles fueron las metas inmediatas que te marcaste?

M. N.- Fue un año después de mi primer concierto y creo que fue justo después del segundo concierto que tuve en la temporada 2010-2011 cuando la oficina de la orquesta me sondeó sobre si me interesaba el puesto. Pero hablamos seriamente en el año 2011 y, de facto, desde principios de 2012 empecé la tramitación para preparar mi primera temporada 2012-13.

L.- ¿Por qué elegiste la especialidad de dirección de orquesta?

M. N.- Mmmmm (suspira). No sé si puedo explicarlo exactamente. Sé qué quiero decir y conozco la respuesta exacta para tu pregunta pero no sé si podré ser preciso en mi explicación. Lo más importante en esta profesión es pensar en el director de la orquesta no como una profesión, no como el músico de la orquesta, no como un actor en teatro, no como un trabajador en la oficina, no es una profesión, es algo más, lo que no significa mejor. Es una manera de vida. Ser director titular es un proceso que nunca se termina y no empieza. Es una cosa que haces con una base adquirida cuando eres niño y empiezas tu aventura en la música. Normalmente te inicias con un instrumento. Los directores empezamos con un instrumento -yo estuve 17 años con el violín- y adquirimos mucha experiencia. En mi caso, fue un proceso clásico del instrumento, con estudios de primaria y bachillerato. Pero la música significa consciencia. Si tocas, lo haces físicamente, pero si quieres decir o explicar algo con el idioma de la música, es importante que pienses primero y seas consciente de qué quieres decir o sobre qué quieres hablar. Por eso, para nosotros los músicos instrumentistas decir algo, transmitir las emociones es la meta, pero poder hacerlo es un proceso en el que necesitamos practicar mucho con el instrumento porque necesitamos conocer de manera exacta cómo se toca el violín, cómo se toca el fagot... Recuerdo de mi experiencia una cosa: practiqué cada día cerca de ocho y nueve horas durante el periodo de estudios; con mis amigos fantásticos, que eran muy parecidos a mí, tuve un grupo fuerte con el que trabajamos y practicamos mucho. Y en el curso de este proceso de repente entendí que era capaz de conocer qué significa blanco en noruego, qué significa la música de Nielsen, qué color tiene Brahms, todo. También entendí que no puedo decir todo lo que sé con con mi instrumento, el violín, y no porque mi conocimiento con él es limitado. Después de 17 años tuve un conflicto personal, dentro, y descubrí que me gustaba el violín pero también cada instrumento. Y cuando pienso ahora en el tiempo que dediqué a este instrumento solo, en un cuadro durante ocho horas al día, siento que era fantástico, pero al final me convencí de que en el futuro no iba a ser mi conexión con la realidad para decir qué siento. Esto fue un impulso para buscar otro instrumento, y en este caso, no sé por qué, llegó un segundo impulso que me señaló la orquesta. La orquesta es el instrumento que puede transmitir todo lo que quieres.

L.- ¿Eres entonces de los que prefiere leer o hacer música?

M. N.- Pero no hay diferencia entre leer o hacer. Cuando tocas el violín, lees la música del atril. Cuando tocas como el director, lees la música del atril pero lo que cambias es el instrumento, del violín pasas a uno nuevo que es la orquesta, un instrumento mucho más complicado. Pero es el más importante y único. La orquesta es el instrumento que nunca puedes decir que conoces del todo, es el más importante porque cada día es diferente y porque está formado por personas. Sus emociones, su ambiente, todo es importante. Una cosa es lo que nosotros entendemos o que interpreto yo de la partitura, lo que significa para mí el texto que leo, pero otra cosa es que ahora necesito cogerlo para ponerlo en manos de la orquesta con mis sugerencias, con mi dirección, con mis tempos, con mis colores, pero también con mi mensaje de lo que creo que significa. Siempre es una mezcla. ¿Qué significa para ti rojo? Rojo es rojo, pero para mí significa otra cosa. Es un símbolo de color y cuando tenemos rojo, blanco y negro, podemos elegir sin problema cuál es el rojo -si no tenemos ningún problema visual- pero lo que significa este rojo en la música es una cosa abierta. La meta del director es trabajar con su instrumento con la confianza de que tu rojo como mi concertino o tu rojo como mi fagot pueden tener significados diferentes, pero tú necesitas crear que solo el rojo en este momento es el correcto. Mi meta es crear todo el proceso para llevarles en la misma dirección cuando seguramente tendremos sensibilidades diferentes. Pero lo más importante para nosotros, y luego para el público, es que lo hacemos con honestidad sobre el escenario. ¿Qué significa honestos? Que nosotros creamos juntos, vamos en la dirección correcta.

L.- ¿Tienes algún director de orquesta como referente?

M. N.- Sí y no. Hay un montón de nombres de directores fantásticos que me gustan mucho y son nombres de lo más alto en la dirección. porque tenemos la oportunidad de verles en DVD, en conciertos, etc. La pena es que nosotros, como directores, no podemos ver el proceso de preparación de cada concierto de otros directores. Este privilegio es solo de los músicos de la orquesta. Ellos pueden trabajar con muchos directores del mundo. Para nosotros es muy difícil porque normalmente trabajamos solos. Pero sí tengo mis grandes favoritos como Bernstein, como Haitink, Abbado, Rattle, Daniel Harding entre los más jóvenes. Son muchos, pero también hay directores que no he escuchado nunca antes, como por ejemplo un disco de la 'Segunda sinfonía' de Brahms con la Orquesta de Nueva Zelanda, con un director que ahora no puedo recordar cómo se llama pero es una grabación fenomenal. Cuando me preguntas si tengo favoritos creo que también piensas si hay algún modelo o autoridad que pueda copiar y creo que eso es también porque la profesión de director de orquesta es tan única que no es posible copiar o imitar algunas cosas. Es la mezcla de tu mentalidad, es la mezcla de tu conocimiento, es la mezcla de tu sensación, la mezcla de tu manera de vida, es la mezcla de todos los aspectos que te crean como persona, una persona que emplea el idioma de la música. La persona en su conjunto es lo más importante para entender quién es el director, que no es un chico con una batuta sino un proceso más complicado.

L.- ¿Hay algún compositor con el que te sientas más a gusto dirigiendo? ¿Y al contrario?

M. N.- Tengo mis compositores más cercanos y otros, porque normalmente trabajo con las orquestas sinfónicas, por lo que mi repertorio empieza en el momento del clasicismo y termina con la música de hoy. No toco mucho o toco muy rara vez algunas obras del barroco, pero eso es por una razón logística. Siento muy buena conexión con los compositores rusos, me gusta mucho todo lo que tiene aire o espacio. Por ejemplo, Sibelius o la música de Inglaterra, Vaughan Williams, o Nielsen o Rautavaara, de Finlandia, son compositores que siempre dan un sentido de espacio fresco, sin barreras, donde me siendo muy cómodo. Claro que cuando diriges cada semana, casi, en la temporada -yo tengo más o menos 40 y pico semanas ocupadas con conciertos durante el año- significa que tiene que haber un programa nuevo. Pero después de 10 o 15 años, tu experiencia es lo bastante grande como para que cuando haces la misma sinfonía por quinta vez o décima vez, te sientas más cómodo con cada concierto siempre. ¿Qué significa? Que también puedes encontrar dentro cosas nuevas, cosas frescas, que te aportan una nueva inspiración.

L.- ¿Surgen en música diferentes lecturas de una misma obra con el paso del tiempo?

M. N.- Es lo mismo que con los libros. Tenemos libros nuestros favoritos que conocemos de memoria la historia, pero lo que nos interesa cuando los leemos por tercera o cuarta vez no es la historia, es el estilo del escritor, es el estado de humor. Con la música pasa lo mismo y creo que también muchas veces la gente, especialmente jóvenes, mantienen esa distancia con la música clásica.

L.- ¿Qué crees que pasará dentro de 20 años si la media de edad del público de orquestas sinfónicas es bastante alta?

M. N.- La gente joven dice que es como el arte moderno en el museo, es algo hermético, cerrado en el auditorio que no nos dice algo que podamos entender. Pero creo que no es verdad. Esta generación tiene miedo, porque para escuchar la música sinfónica tienes que ir a un auditorio o un teatro que no conoces porque no forma parte de tu vida normalmente. Estás entonces encerrado en este lugar donde no estás concentrado en si la música que escuchas es buena no no, ni siquiera si te gusta, sino que estás incómodo por el entorno que te rodea. Es una cosa. La segunda es que si tomas la decisión de ir a un concierto de música clásica, cuando estás en la cola de la taquilla, en tu interior te preguntas si estás listo para escuchar este tipo de música. La respuesta es que claro que no lo estás, pero porque no tienes oportunidad para estarlo, no eres músico y no tienes una experiencia de 20 años. No estás preparado como un músico para oír y entender detallitos, pero la música no espera de ti que vayas a entender la forma de ejecutar la sinfonía. La música son emociones. Ahora tocamos la 'Sinfonía número 5' de Shostakóvich, un compositor que dijo 'no hay música sin sentido', es decir, que no significa nada, cada nota que el compositor pone en la partitura significa algo. Ahora bien, luego tendrás la oportunidad si quieres investigar más profundamente. Pero si no te interesa qué base histórica tuvo Shostakóvich cuando escribió la 'Quinta Sinfonía', cuáles fueron las influencias del sistema comunista de Rusia, etc., no pasa nada. Si vas a un concierto, solamente una cosa, abre tu corazón, abre tu cabeza para recibir la música como un idioma que no entiendes y que no necesitas entender, pero que seguramente vas a sentir. Este proceso para sentir la música es para mí la llave de los teatros vacíos.

L.- Dice Alex Ross, crítico de 'The New Yorker', que “la música clásica es el nuevo underground”. ¿Preocupa en tu entorno el triunfo de la música popular sobre la de los teatros y auditorios?

M. N.- Estoy de acuerdo. Yo tengo 40 años pero me siento joven. No pienso en mí como una persona adulta o mayor. Creo que para los jóvenes que tenemos 40, 30 o 20 no es importante, pero para esta generación más joven es conveniente hacerles ver que la música clásica y el contacto con 100 personas que tocan la sinfonía es uno de los procesos más honestos que hay en la vida y en la realidad que tenemos. Tenemos todo el marketing del show business, tenemos la música que es plástica, tenemos discos y grabaciones que son preparadas en estudio, nota por nota, etc., todo artificial, todo son mentiras. Cuanto estás en un concierto de música clásica, con la orquesta, y no es importante qué nivel tiene la orquesta, si es Berliner Philharmoniker o si es la banda sinfónica de un pueblo en medio de España, el acto en el que 10, 20 o 100 personas tocan juntas y crean algo es real. Somos como dinosaurios, pero no sé si la gente es consciente de ello. Ver un grupo que toca en vivo empieza a ser más raro cada día. No sabemos qué va a pasar en los próximos 100 o 200 años.

L.- ¿Qué música es la que escuchas en el iPod o cuando vas en coche?

M. N.- Escucho música clásica pero porque me gusta. Trabajar en esta profesión significa que haces de ella una forma de vida, con lo que no hay momentos de trabajo y sin trabajo. Cuando preparo el pescado en casa es igual de importante que cuando estoy estudiando la partitura. El sabor del vino y de las tapas, la vista del océano, todos los aspectos del entorno, mi alegría cuando conduzco el coche en las fantásticas autopistas que hay en España, por ejemplo, son experiencias que me crean como persona. Cuando soy consciente de que este momento me aporta alegría significa que con esta experiencia voy a entender más qué significa alegría, que luego voy a usar cuando voy a tocar el tercer movimiento de la Quinta de Sostakóvich. Escucho la música siempre, en cada momento, en cada espacio, clásica, jazz, no busco en especial grupos de rock o de pop, pero si hay algo cerca de mí, no lo rechazo, no me molesta.

L.- Llevas varios años en Canarias y hablas español con soltura. ¿Qué tuviste que aprender primero términos musicales o la lista de la compra?

M. N.- (Ríe) Lo segundo. Recuerdo que mi primer momento con el idioma y el más importante fue la carta en el restaurante.

L.- ¿Te gustaría promover en Tenerife un sistema de orquestas juveniles e infantiles como el que existe en Venezuela?

M. N.- Sí, es fantástico. No es fácil hacer cosas solo, pero recuerdo que mis amigos en la orquesta me han contado que aquí en Tenerife tuvimos una orquesta joven muy cercana a la Sinfónica. En mi opinión no hay otra ruta, es el proceso más natural que garantiza el futuro. Son cosas muy importantes. Cruzo mis dedos para que tanto como sea posible la situación financiera, que no es fantástica ahora en España, en los próximos dos o tres años cambie a mejor. Realmente estoy seguro de ello porque así es la vida, que sube y baja, y cuando suba un poco volveremos a la idea de una orquesta joven porque también es nuestro propio interés.

L.- ¿Por qué es tan difícil programar obra reciente? ¿Ha bajado el nivel de la composición o es que la música de hoy será la que se escuche el día de mañana?

M. N.- (Pausa) Es como siempre. No quiero decir nada contra la música moderna. Pienso que mi responsabilidad es también promover la música contemporánea. Pero tengo dos posiciones: una de ellas es esa, la de promotor; la segunda es la de protector de la estructura de público y de expectaciones que tenemos de este lado. No creo que haya un punto medio ideal. Siempre tenemos este balance de la música moderna como más arriesgada por lo que tiene una posición menos fuerte que las sinfonías de Beethoven, que sabemos que con ellas no arriesgamos nada pero siempre estará bien. La línea es estrecha y con esta forma de pensar es muy fácil pasar la línea en el sentido de que cuando vuelves a poner Beethoven el público puede decir “otra vez”. No estoy contento con lo que ofrezco al público en las dos últimas temporadas, quiero decir que no es la programación ideal porque pienso que debe tener más propuestas variadas con diferentes estilos, con más colores, con música nueva. Pero, por otra parte, no tengo la sensación de que pueda hacerlo. Tengo un límite financiero.  Si nosotros no tuviéramos límites o los tuviéramos muy altos, entonces podemos decir, claro, arriesgamos. Cuando no tenemos dinero, cuando cada entrada que se compra es muy importante, cuando no podemos realizar el programa que queremos ni invitar a los artistas que queremos, etc., en este caso, no podemos arriesgar.

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