Pasado y futuro del jazz

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El Festival Internacional de Canarias Jazz&Mas Heineken llegó a La Laguna. Y  lo hizo con éxito, a tenor de la buena entrada registrada. No se agotaron las localidades, pero el teatro estaba prácticamente lleno, y con apenas retraso (a tener en cuenta, siendo como era un miércoles laborable y con dos actuaciones por delante), algo pasadas las nueve, Freddy Cole ganó este coqueto escenario.

Freddy Cole, siempre con vigilado por el referente de su hermano Nat, hizo lo que se esperaba de él: poner la música al servicio de su personal voz, uno de sus mayores atractivos como artista. Un registro casi siempre a media voz, entre hablado y musitado en ocasiones, perfecto para el jazz intimista que plantea Cole. Canciones con peso propio y no mero pretexto para el desarrollo instrumental en las que abunda la temática (des)amorosa y la soledad, mientras que en lo estilístico se encuentra un predominio de baladas jazzy y un acercamiento al blues recurrente, pero siempre en un contexto melódico. También ritmos más modernos y bossa, pero el fuerte está claro que son esos momentos de media intensidad en los que Cole tan cómodo se encuentra, con muchos breaks y fill arreglados, en tutti, que conducen la interpretación. Es decir, el cuarteto, en el que destacaba el pulcrísimo y clasisímo sonido de la guitarra de Randy Napoleon (y las perturbantes miradas de un Curtis Boid desde la batería) no hallaba momentos para un gran despliegue instrumental, pero tampoco era lo pretendido. Vocal jazz sobrio y elegante, aunque a veces cueste en el imaginario a pesar de la ausencia de humo, vasos rotos y detectives privados de clase b, de eso se trata.

Tras Cole, un breve receso y The Bad Plus. Casi a las once, y es de suponer que  influyera para que al comienzo de su actuación hubiera algo menos de público. Sumado a esto, The Bad Plus, que no son un grupo fácil, prescindió de un elemento que los ha hecho populares, y que les hace más accesibles, a saber, las versiones inverosímiles de clásicos del pop y del rock. Un repertorio centrado en sus últimos trabajos que podría catalogarse de 'duro' y que consiguió, tema a tema, ahuyentar a cierta parte del público que, evidentemente, no esperaba algo así.

Pero esto sólo fue hasta mitad del concierto. Luego, quedaron los entusiastas. Este trío encarna como pocos una corriente del jazz con un marcado componente intelectual, aunque algunas de sus composiciones tienen también un atractivo inmediato, que los enlaza directamente, por las técnicas y los recursos que utilizan, y también por su repertorio (lo ultimo, una revisión de 'La consagración de la primavera') con la vanguardia musical del siglo pasado. Y más allá de eso, se encuentran en un lugar común con otros artistas (más directamente podría ser un Jaques Loussier, pero se podría llegar a unos Tortoise o incluso a un Bill Frisell o Pat Metheny) que, al igual que The Bad Plus, suelen plantear la pregunta de hasta dónde es jazz lo que se escucha. Superada ya (no al 100%) la asociación estética entre este género y sus inicios en la primera mitad del siglo veinte, surgen (otra vez) dudas como si es el jazz necesariamente improsivado. Porque en el primer concierto de la noche, por ejemplo, no hubo mucha improvisación, pero, seguramente, sea más jazz para muchos que este segundo. Y suponiendo que la improvisación sume ¿valen otras heramientas o hay que circunscribirse a tensiones añadidas hasta el infinito, armonía modal y ciertos patrones de alternancia entre tema y solos? Lo mejor es que mientras el debate sigue, el género continúe expandiéndose y abarcando cada vez más bajo su paraguas. Al final, lo que importa es la música hecha con intención, y de esto The Bad Plus andan sobrados.

 

Concierto de Freddy Cole Quartet + The Bad Plus.
Teatro Leal.
Miércoles 16 de julio de 2014.
Por Vector Álvarez.
Fotos de Fran Afonso para el Festival Internacional de Canarias Jazz&Mas Heineken.
 
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