Visitantes nocturnos en la Casa Lercaro

Era de noche en La Laguna, apenas acababa de ponerse el sol cuando Eterna Gosul nos recibía en el patio de la Casa Lercaro para proponernos un misterio y guiarnos en una accidentada visita por las dependencias de la casa. En ella el grupo de visitantes pudo escuchar mil historias y resucitar con un mantra en latín, entre otras actividades, al bueno de Monsieur Robertson, impulsor de las fantasmagorías, muerto hace casi doscientos años y que nos acompañaría hasta el final del espectáculo.

Sobresaltos, sustos, situaciones cómicas, historias y personajes que a pesar de sus oscuras circunstancias se tornaban entrañables. Desde un fatídico Jack El Destripador y un espeluznante monólogo, al espectro de la novia muerta y sus desesperados y desconsolados gritos. La chica del pozo, el fantasma del GTI…, la cabeza parlante, todo esto aderezado con números de ilusionismo, iluminaciones tenebrosas y banda sonora ocasional para una entretenida cita con el misterio.

Una velada que culmina en un brillante y emocional espectáculo de fantasmagorías donde se pone de manifiesto la importancia de estas oscuras artes visuales en la evolución de la tecnología multimedia y del espectáculo, y cómo la naturaleza humana ha cambiado gracias al influjo de estas.

Burka Teatro junto al Museo de Historia y Antropología de Tenerife llevan a cabo este terrorífico espectáculo tragicómico.

Un trabajo actoral difícil por la casi continua colaboración del público, que se siente en todo momento protagonista de la historia y en el que los simpáticos actores principales se ven en la necesidad de improvisar, de forma maravillosa, casi en todo momento. Trajes de época, proyecciones y efectos especiales, miedo a pesar de las risitas, carcajadas y gritos. Una historia bien hilvanada, con sus pequeños respiros en los cuales el público podía además acceder a los escaparates e interactuar en los espacios de esta muestra temporal 'Fantasmagorías: La Presencia de lo Ausente' que ya han visitado unas once mil personas.

Aún están a tiempo. Déjense sorprender por su propia curiosidad y vivan la historia del espectáculo a través de esta más que recomendable exposición que continúa en la sede lagunera del MHAT hasta el 30 de junio.

Crónica y fotos: José J. Martín (Conache)

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