En los últimos meses había presenciado cómo las fuerzas de antidisturbios habían golpeado con saña a adolescentes estudiantes, arrastrado de los pelos a alguna anciana, aporreado a jóvenes mujeres que manifestaban su derecho a decidir o empujado a familias que se aferraban desesperadas a su hogar. 

Hasta ahí nada destacable. Las fuerzas de seguridad ejercen la violencia legítima del estado en nombre del concepto democrático de soberanía nacional. Esa nación, que el estado español representa, ha apoyado de una manera mayoritaria y contundente un 'plan de acción' refrendado en noviembre de 2011. Además, ese plan de acción debía ser puesto en marcha de manera inmediata e irrevocable (todos aquellos que acusan al PP de mentir y engañar muestran un cinismo o candidez –que tanto monta- escandalosos) y así se ha hecho por parte de un gobierno legítimamente refrendado por su pueblo.

Siempre se ha dicho que la esencia de la democracia son las formas. En ese sentido, todos recordamos que, dentro del primer gran show mediático de nuestro país, en el 23 F -España entró en la (pos)modernidad esa fecha-, la fotografía que permaneció en muchas retinas es la de los policías nacionales defendiendo el 'nuevo régimen' a las puertas del Congreso, mientras que la Guardia Civil y el ejército quedaban aún retratados como incómodos y erráticos compañeros de viaje del 'antiguo régimen'. En ese sentido, la historia de la Policía Nacional como cuerpo (lo mismo que la de las policías autonómicas) es una historia de fidelidad absoluta y visceral en defensa del régimen democrático español (y del estado autonómico)

Todo trabajador público (más si es funcionario) debe actuar en función de la 'res publica' que representa y no de sus convicciones personales. Yo, como profesor público debo transmitir los valores que la cosa pública marca en sus directrices. Por ejemplo, personalmente jamás he creído en la cultura de la paz (tampoco en la de la violencia), pero en tanto que profesor integrado en ese sistema, trato de transmitir valores de paz y convivencia a mi alumnado. Antepongo lo público a lo individual. Si un policía recibe órdenes de actuar con contundencia brutal (a modo de blitzkrieg) para que cale un mensaje, el de que hay una mayoría social que ha decidido varias cosas, por ejemplo, que un banco vale más que la vida de millones de personas (algo que es, por otro lado, una obviedad), ese policía se entregará con la fidelidad debida y es perfectamente comprensible. Las críticas hechas a la policía en este tiempo son, por tanto, injustas: no hay otra manera de actuar, uno no decide. Y, si se quiere decidir, la única vía posible es la puerta de salida.

Por la misma línea argumental, no entiendo y considero injustas las críticas que hacen los sindicatos policiales hacia sus superiores tras los incidentes después de las marchas del 22M. Hay que recordarles que este país decidió por una mayoría aplastante llevar a cabo un plan de acción, y dentro de ese plan está el colocar a los peores ineptos al frente de muchas instituciones. Como trabajadores públicos ejemplares que han sido, espero que esta vez vuelvan a aceptar con gesto firme y entregado la voluntad democrática del pueblo español.


Escucha recomendada para la lectura: León Benavente 'Ánimo, valiente'

“Claro que soy un tipo peligroso, Soy policía, y eso significa que puedo hacer daño a mucha gente sin tener que rendir cuentas a nadie”. El detective Rust en ‘True Detective’