“La sociedad parece enferma y la cura no es ni el Prozac ni el ibuprofeno”

Es uno de los coreógrafos del momento. Daniel Abreu (La Matanza de Acentejo, 1976) se ha convertido, con un invisible esfuerzo de largo recorrido, en uno de los creadores e intérpretes más arriesgados, carismáticos y renovadores de la danza actual. Estos días hace una parada en su gira nacional para participar en la XIII edición del festival de danza Canarios dentro y fuera, que organiza el Teatro Victoria, con 'Animal'. El título de la obra, que se representa el viernes 26 (20:30 horas) en el Teatro Guimerá, se refiere a las respuestas físicas emocionales, instintivas, que damos en la cotidianidad de los días.

Entre  ensayos, ruedas de prensa, comilonas navideñas y reencuentros con los amigos, Daniel Abreu nos responde a este cuestionario en el que comparte las inquietudes que le llevaron a crear una nueva poética comunicativa a través del movimiento, un lenguaje que explora el componente emocional del ser humano y con el que ha experimentado en los últimos diez años con su propia compañía.

LAGENDA.- Vuelves a casa por Navidad para reencontrarte con otro clásico de estas fechas, el XIII festival Canarios dentro y fuera, donde presentas 'Animal' en el Teatro Guimerá. ¿Es esta producción una reacción contra este mundo en el que las teclas del ordenador o tableta o móvil son una extensión de nuestros dedos?

DANIEL ABREU.- No me lo planteé desde ahí. Mi trabajo no es reaccionario a lo que los demás hacen. Es aquello que sale de una necesidad. Junto con el equipo vamos dejando que nazca una idea, una forma, un conjunto de acciones. Luchar contra el mundo moderno me parece absurdo. Hay que integrar lo nuevo. Somos personas con necesidades múltiples, otra cosa es a qué nos conectamos. Con mi trabajo aporto una pequeña parte hacia dentro, para que quien quiera la tome. He tenido la suerte de leer y escuchar lo que la danza ha hecho sentir a mucha gente, y eso ya es reconfortante, mi necesidad va por ahí. Volver al Canarios dentro y fuera, donde he crecido cada año, no es sólo un lujo, es un honor.

L.- ¿Realmente somos animales cuando nos despojamos de nuestros pensamientos y dejamos que nuestro cuerpo hable?

D. A.- Yo creo que cuando dejamos que nuestro cuerpo hable somos personas. Cuanto más honestos podamos ser con nuestros sentimientos, más humanos somos. No sé si la cultura de hoy en día está fundada en una imagen irreal, en el aparentar que somos, o simplemente ni nos lo planteamos, yo no lo sé. Pero sí que sé que cuando yo dejo de pensar y de controlar, y me dejo llevar por lo que siento,  me siento más humano, más cercano... Ser animal es ser más instintivo, ser humano es ser instintivo y racional, no hay que separar nada, sólo hay que tener en cuenta nuestras capacidades y usarlas. 'Animal', el espectáculo, va de eso, de ser honesto con los sentimientos y la vida. Llegar al mundo, nacer es una lucha, pero no en el sentido bélico, sino en el de adaptarse con los recursos que tenemos.

L.- Dicen por ahí que el arte contemporáneo no se entiende. ¿Dónde colocas al público cuando creas las coreografías?

D. A.- Yo creo que hay muchas cosas que no se entienden, no solo una parte de lo contemporáneo. La función del arte no es que se entienda, es que se sienta. Le damos demasiada importancia a saber qué es lo que hay detrás del truco de magia. Cuando le ponemos letras a las cosas nos empeñamos en que tenga un sentido racional, y eso es imposible. En la vida hay tanto de lo que se entiende como de lo que no, y eso no implica que tenga menos valor, sólo que aceptamos la “magia”. Lo que yo siento ante un amanecer o ante un abrazo no quiero ni puedo ponerle palabras. El arte está para ese lado del cerebro menos numérico. En mis trabajos pongo al público en el lado fácil, al menos para mí. Sentarse y contemplar, no armar historias porque no las hay y eso es muy trabajoso y limitante. La vida no es una sucesión de acontecimientos que a priori se entiendan, mis obras tampoco. Pero lo que sí podemos decir de la vida es que fluye, y en mis obras hay mucho de eso. Ahí pongo al público, a contemplar y que cada uno vea su historia, la mía es sólo importante para mí. Se trata de universalizar, y por supuesto no todos vivimos lo mismo.

L.- ¿Por qué consideras a la danza un acto de fe?

D. A.- Yo no considero la danza un acto de fe, considero que trabajar de la manera que yo lo hago sí. No hay guiones, no hay racionalización, sólo hay hechos, y uno debe lanzarse como cuando hace un viaje a un país desconocido sin guía ni destino. Así es la vida en todas sus facetas, confianza en que todo tiende al equilibrio. El acto de fe está en creer que todo cobrará sentido, en que todo existe porque sí y tiene su lugar, que yo no se lo vea no limita lo de fuera, sino a mí mismo. Un acto de fe en la danza es el acto espiritual de un cuerpo. Saber que todo lo que uno hace es susceptible de tocar al otro nos hace estar más unidos, siguiendo con el vocabulario religioso, estar en comunión.

L.- ¿Hubo alguna experiencia artística que te hizo cambiar tu forma de entender vida?

D. A.- Cada obra que dirijo cambia algo dentro de mí. Cada obra de la que soy partícipe como espectador me hace expandirme por dentro. Yo miro la vida con curiosidad y me dejo pensarla, sentirla y actuarla. Cada paso es necesario para el siguiente. No se trata sólo de avanzar sino de estar presente en cada cosa, y eso es un gran trabajo, que no siempre puedo. Ha habido muchas obras que me han conmovido, y por decir alguno ver 'Nefes' de Pina Bausch me dejó pegado a la butaca los tres días que la vi. Bailar con Carmen Werner me enseñó a bailar, con Matarile Teatro crecí como intérprete, con Marina Wainer aprendí algo de lo que es hablar en escena, y ver a los intérpretes que han trabajado conmigo o a los amigos en un estudio es algo que te nutre mucho.

L.- Tu nombre aparece ahora acompañado del título Premio Nacional de Danza 2014 de Creación. ¿Lo tienes colgado en el baño como hacen los actores con los Oscar?

D. A.- Jajajaja... me parece genial que cada uno busque el lugar más apropiado para sus premios. Supongo que el baño es el lugar más visitado de la casa, no deja de ser una mezcla de amor/odio. Yo no soy de colgar los méritos en casa, bastante trabajo me llevo ya fuera de horas. Lo llevo de alguna manera presente a los lugares de trabajo. El premio es la memoria de lo aprendido y de lo que me queda por, así que es más un recordatorio de que las cosas tomaron un buen camino. Es como una  brújula. Igualmente aún sólo está en prensa, nadie me ha dado nada físico que ponga que yo he ganado algo. Pero cuando lo tenga, lo guardaré con mis cosas de valor, no soy de mostrar.

L.- Este reconocimiento coincide con 10 años de crecimiento con la compañía. ¿Hacia dónde te gustaría dirigir tus pasos?

D. A.- A menos lucha. Es una carrera donde siempre se examina todo y todo debe salir bien, y no sólo el trabajo, sino que es una profesión ligada también a los encuentros con muchas personas, y para mí no es fácil, soy muy tímido. Casi todo lo he hecho con mucho esfuerzo. Me gustaría estar más presente en los teatros españoles, cosa que me cuesta. Me gustaría poder tener una compañía más estable, un espacio donde trabajar, un equipo mayor que me quite horas de trabajo, en definitiva más tiempo para vivir yo, porque habrá otros que se encarguen de lo que a mí me quita horas de hacer y de aprender. Me gustaría caminar hacia la tranquilidad, de hacer lo que hago con más compañía. Son diez años intensamente vividos, los próximos me piden más descanso sin dejar de hacer lo que hago.

L.- Si bien se habla del “fracaso” del programa Platea, hay quienes valoran el programa Danza en Escena, que ha insuflado aire a esta disciplina artística. ¿Hace falta una reflexión de cómo se subvenciona la cultura?

D. A.- Desconozco las críticas en uno y otro programa. Yo he estado muy poco presente en los dos programas. El problema que veo siempre es que seguimos basando las cosas en resultados económicos, cuando el gran agujero de este país no es el rendimiento, sino la corrupción ni la poca profesionalidad. ¿Cómo se puede exigir resultados cuando lo que lo sostiene está enfermo? Yo creo que hace falta reflexión personal de cada uno con su obra. La gestión la hacen personas y si las personas están corruptas por el poder o el dinero, todo lo demás no tiene sentido. Nos olvidamos que las normas y las instituciones las formamos todos. Hay quien hace bien su trabajo o hasta donde puede o quiere. La crítica tendría que venir por ahí.

L.- Regálanos, para finalizar, un deseo o idea para la cultura en 2015.

D. A.- Estaría bien entre otras cosas dejar de cuestionarla, dejar de creer que la cultura no se necesita. Cubiertas las necesidades básicas de fuera, nos queda crecer por dentro, eso es lo que la cultura da. El deseo sería que cada uno asuma su trabajo con honestidad y eficiencia, porque todo tiene espacio. Una renovación del alma tiene más sentido. La sociedad parece enferma y yo creo que la cura no es ni el Prozac ni el ibuprofeno, es más experiencial, y la cultura da experiencia.

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