Esta es una entrada doble. Menos espacio para dos temas. Habiendo ya tantos ensayos sobre la cuestión misteriosa del público, con referentes teóricos verdaderamente serios y todo eso, no tiene sentido meterse en camisas de once varas y tratar de decir nada nuevo. Solo pasa que la ocasión merece que reflexionemos un poquito, sin más pretensión, y a eso invitamos desde aquí. Porque en la vida difusa y desequilibrada de este blog, reflejo de nuestra difusión y nuestro desequilibrio, ha habido un click, un antes y un después, amigas y amigos. Un punto de inflexión asociado al tema “el público”, y que coincide con el paso por el LEAL.LAV de E&G Teaterkompani, con su espectáculo Imagine a Spot. Así que imaginemos que cerramos los ojos y con ellos cerrados imaginamos un punto. Que lo seguimos para ver dónde nos lleva.

Imagine a spot / maybe it is inside / maybe it is outside / I don't know.

Imaginas un punto y lo imaginas rojo. No sabes por qué. Ahora imaginas que imaginas gente a tu alrededor que mira el punto que has imaginado. Que el punto tiene un poder de atracción para las miradas. Algo tiene que ver. Si un punto centra las miradas, si las miradas se centran en un punto, ¿se trata de un punto centrípeto para el mirar? ¿O hay algo en él centrífugo que alcanza a quienes miramos? Sea como sea, si aparece un punto al que mirar aparece también otra cosa: un nosotros, aunque no acabe de gustarnos. Un nosotros mirador, o afectado de una misma atención. Un nosotros que cambia de tamaño mirando un punto que crece en una sala pequeña o que en un espacio grande debe irradiar más intensamente. Lo que sea que hay tras elpunto desaparece hasta el olvido. Solo punto. Tal vez está dentro, tal vez fuera. No lo se.

Imaginas que el punto se deforma, se desplaza, se ablanda y difumina, tragándose a veces al que mira, que no sabe dónde mirar, o saliéndose de lo mirado, colocándose como nuevo punto de fuga por lo el sitio que recibía antes las miradas ya no se mira, y quien permanece en él llega a extrañarse de sí mismo.

Dentro de la historia de la arquitectura hay implícita una historia de la mirada. Dónde se ha mirado en cada momento y cómo nos hemos colocado para ello. La propia arquitectura ha servido a esa mirada y también ha creado miradas nuevas. Y el funcionamiento de la mirada es político. Y la política ha ostentado el poder colocando o retirando puntos mirables (de mira) y/o destruyendo, modificando o construyendo espacios contenedores del mirar, controlándolos. Una operación que va desde la estructura del templo hasta la colocación de la tele en el altar de cada casa. Obvio. Se nos controla el mirar. Pero igual de obvio es que modificar simplemente qué miramos y cómo lo hacemos desencadena un sinfín de consecuencias. Ojo.

Imaginas que vuleves a imaginar un punto. Rojo. Que el punto se mueve por el tiempo. Imaginas que lo llevas atrás. A aquel Tenerife de los años 80. Imaginas colocar el punto en un festival internacional de teatro, en un contexto de miradas vírgenes, con ganas de congregarse en torno a algo nunca visto. Imaginas que ese punto son propuestas como las de Tadeusz Kantor. Luego imaginas retirar el punto, hacer olvidar el punto. Dejar que el tiempo llegue hasta el momento de este blog como si nada hubiera pasado. Y es que lo efímero es tan potente como delicado...

En la imagen, la reacción de Tadeusz Kantor cuando sus muñecos le dijeron cómo se estaba gestionando la cultura en Tenerife tras su actuación en el antiguo y olvidado festival internacional de teatro.

 

¿Quién es el público?

El pasado jueves 23 de abril E&G Teaterkompani estuvo en la sala de cámara del Teatro Leal con una propuesta delicada e íntima. Su único intérprete hizo volar nuestra imaginación con muy poco, porque ese poco está muy cuidado. Una pieza donde se adivina un concierto escondido, una partitura sonora y musical que recorre el subsuelo de lo visible en escena y que viene a empastar de coherencia dramatúrgica el todo con sus partes.

Metrónomos, un cubo de basura con agua y un micrófono en “proscenio” para generar sonidos. Al fondo, otro micrófono y una guitarra conectados a un looper, y al otro lado unos palets. Antes de realizar cada escena el performer tiene otra, preparatoria, en la que toca una frase a la guitarra que samplea y enriquece con más capas sonoras. O bien utiliza el mismo dispositivo para hacerse de técnico y lanzar audios pregrabados: ambientaciones sonoras, que llegan para complementar vídeos y secuencias de trabajo corporal. También lanza textos que en un tono casual, de manual de instrucciones dan datos sobre cuestiones que se ajustan más o menos a lo que vemos en escena, reafirmándolo su sentido o bien abriéndolo a lugares donde se difumina.

El trabajo físico, en cierto modo abstracto, no, mejor dicho, liberado de la forma, es oscurecido por la ambientación y finalmente se vuelve muy visceral, y claro, deja una intensidad que viene a contrastar con las partes en las que el intérprete hace música y la canta, acompañándose a sí mismo gracias a la tecnología del loop, hecha para matar la soledad de los solistas.

Contrasta también con las fases de texto pregrabado: durante el de las dimensiones estandarizadas del palet y su invención e integración en los usos industriales, el intérprete constuye un castillo de naipes como haría un croupier. Hecha la construcción, ese cuerpo, de casi dos metros, trata de subirse a ella de un salto para tocar el violín arriba. Intentos torpes: los palets se mueven, el violín incomoda y al conseguirlo finalmente el instrumento ha olvidado abajo. Así que en un giro absurdo, lo mejor parece alcanzarlo con el arco, y si no llega, con el arco atado a un paño... hasta que alguien de primera fila se apiada de la desgracia del payaso y le entrega el violín para deleite de nuestros oídos.

De lo que definiríamos experimental para acabar rápido, (pero que viene a ser trabajo de movimiento donde queda el eco de un eco de aquella biomecánica de Meyerhold y Grotowski mezclada con una manera personal y contemporánea de jugar con las estructuras básicas del mimo corporal  puestas en escena sin tapujos y de manera muy evidente) se pasa sin prejuicio alguno a una escena tonta y preciosa de payaso, tan clásica que recuerda a Keaton y sobre todo (sí, voy a decirlo) al mejor Pepe Viyuela. Una propuesta honesta, divertida, sugerente, fresca y juguetona, capaz de despertar la imaginación y que pedía a gritos ser compartida por niños y mayores.

La pregunta.

Días más tarde me surge una duda a partir de todo esto. Por eso en parte estoy ecribiendo esto como un mensaje en una botella. Tú, persona que lées esto. Y tú también: ¿sabrías responderme? 

Pasa que fuimos muy poquitos los asistentes. Pasa que uno se pregunta muchas veces por qué. Por suerte, el proyecto del LEAL.LAV ha abierto un espacio para propuestas... pff... llamémoslas... alternativas. Alternativas a las convenciones sobre las que tratan de convencernos que son "lo normal" y lo mayoritario. Pero la gente no es tonta. Y ya sabemos lo que pasa con lo mayoritario, sobre todo con unas elecciones como las que nos esperan a la vuelta de la esquina.

Pero volviendo a lo que vimos en el teatro, Imagine a spot no fue para nada una propuesta rara, inaccesible, críptica, desagradable, minoritaria. Muy al contrario, si nos hubiéramos animado a llevar niños al teatro habría funcionado muy bien como una pieza familiar. Como las que se programan en el Mueca, una de las fotos con punto rojo del principio. Porque se que si hubiera estado en el Mueca, aunque habría llamado la atención, muchos niños y mayores habrían flipado con las ocurrencias de ese payaso noruego, que se hace un lío para hacer casas con palets y que finalmente es capaz de hacer música con un metrónomo, un cubo de agua y un violín. Pero entonces...

¿Las personas que asisten al LEAL.LAV van también al Mueca? ¿Y el público del Mueca? ¿Ese público masivo capaz de saturar una explanada no puede llenar una pequeña sala? Por otro lado, ¿qué pasa con las escuelas de esta isla? Si la mitad de los alumnos de la EAC, el Teatro Victoria, el estudio de danza Carmen Blanco y el sinfín de escuelas que tenemos se acercara a ver qué está pasando, el LEAL.LAV se vería obligado a hacer dobles funciones de viernes y sábado para acoger a todo el mundo. ¿Entonces?

Hablando hace tiempo de algo parecido con un escritor amigo mío me señalaba que uno de los males de nuestro tiempo es que había más escritores que lectores. Parece que en una esquizofrenia por hacer, hacer y hacer, todos escribimos, pero muy pocos leemos. Eso es casi no hacer nada, ¿no?

Creo firmemente que si tantas personas van a escuelas de formación de teatro, música y danza, los alumnos (o las escuelas, si no la fomentan) se están saltando una parte fundamental de toda formación: ver, tragar, empaparse de cuantas más cosas mejor.

Decía Gabriel García Márquez que no hay nada tan triste como una cama vacía, y tenía razón. Ataca la tristeza a quienes concebimos una sala como una cama en la que queremos retozar y compartir afectos. Pienso también en Kantor, en lo que tuvimos en esta isla. Todo eso se fue. Estemos ahora en lo que tenemos, que no es más que a nosotros mismos y la posibilidad de compartir. Porque si no acabaremos consintiendo el criterio capitalista de "lo que no es rentable". Y no. El encuentro entre personas, el intercambio y la comunicación no deben rentabilizarse. Por eso, ahora más que nunca, tengámoslo. Tengámonos.

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Las imágenes de esta entrada doble han sido sacadas de la web del Teatro Leal para la pieza de la Cía. noruega y tomadas de internet y tuneadas cutremente con sus puntos rojos un poco al azar de google, tomando como referencia distintos espectáculos de diverso formato aquí en Tenerife. Por otro lado está nuesto amigo Tadeusz, que siempre iba por libre. Salud.

 

E&G Teaterkompani presenta Imagine a spot en el LEAL.LAV cuando este blog alcanza un punto de cambio.