“POTTED”, La Trócola Circ.

Teatro Guimerá. Domingo 15 noviembre.

Por Jordi Solsona

 

La calle en el escenario. Eso es “Potted”. Y mucho más. Porque la calle es vida, es movimiento, riesgo, habilidad, potencia, equilibrio, ritmo… Humanos que se suman, maceteros que contienen nada y todo, pelotas como estrellas ingrávidas o círculos que emiten sonidos al impactar sobre la materia…. El circo es calle.
Unan todo eso a la música. Añádanle una vibrante coreografía. Multipliquen por cuatro y… ¡Potted!

Un auténtico gustazo para los sentidos, tan ávidos de belleza en estos años ingratos. La Trócola Circ inventa su espectáculo para acariciar nuestras sinapsis neurológicas y ayudarnos a reencontrar sensaciones tan infantiles como el asombro, la sorpresa, la sonrisa, el entusiasmo o la alegría.

Ritmo, movimiento, fuerza, coordinación y colaboración son los condimentos del espectáculo al que acabo de asistir. No hace falta la palabra para comprender que de esos ingredientes se obtiene un guiso delicioso. Me entusiasma el uso de los maceteros como catalizadores. Esos objetos que sirven de simples contendores del sustrato más elemental, vacíos aparecen como algo incapaz de generar emoción alguna (aunque sigan siendo receptáculos vitales). Sin embargo, bajo las luces del escenario, e insuflados del aliento vital que le dan los artistas, alcanzan la promesa que anuncian: de ellos brota la vida. Emocionante y sutil. Siempre me entusiasma comprobar cómo, de lo poco, la creatividad y el esfuerzo pueden despertar tantas sensaciones.

El circo desde siempre me sugirió palabras como arrabal, nómada, compromiso o aventura. Hoy en día todo se ha profesionalizado. Saltimbanquis, equilibristas y malabaristas se gradúan en magníficos centros de formación. Y no sólo eso: también son de las personas con mayor conciencia social y que hacen gala de un activismo incansable en pos de la igualdad y la justicia. Deduzco que todo tiene que ver con todo. Que hoy en día también habiten teatros como el Guimerá, con espectáculos tan hermosos como 'Potted' habla de su tesón por aprender, por mejorar.

El ejemplo de hoy es ‘de manual’, porque hay mucho arte escénico. La música y la iluminación elevan el poder de las imágenes para que el conjunto gane en belleza. La coreografía y los tránsitos de cada elemento son elegantes y acompañan el discurso narrativo de manera milimétrica. Mucho teatro. Saben generar grandes momentos de tensión, luego abren espacio a la sonrisa, más adelante concentra tu atención en el devenir de unos puntos blancos que te atrapan… Gestalt en estado puro, teoría de la pregnancia cognitiva.

La Trócola Circ sabe ponerse en el lugar del espectador. Conoce bien la psique del público. De lo contrario, de nada servirían todos sus esfuerzos. Hay una plástica en “Potted” que enamora. Componen unos escenarios que van del puntillismo de Signac, al bodegón final que ya hubiera firmado el mismísimo Kandinsky. Cada uno de los pasajes de 'Potted' se asemeja a una excelente obra plástica. Eso es mérito de la dirección. No sé si es mancomunada o no. En cualquier caso, enhorabuena.

En la calle, en los semáforos, en alguna zona peatonal, pueden verse acelerados y esquemáticos números circenses. Lo dije al principio: la calle, el circo, lo bello. Ahí habita la simiente. El recurso por la supervivencia. Como en cualquier otra disciplina artística. El circo es la vida. Y la vida es un circo. Aguardo con interés el próximo espectáculo de la vida, de Trócola Circ.

Una auténtico gustazo para los sentidos esta función de circo urbano en sala de Teatro