'RESURREACCIÓN', por RealismoPuntoCero.
Teatro Cine Realejos, 21 junio 2015

 

Un espectáculo global. Un nuevo referente en el panorama teatral y plástico. Eso es 'ResurreAcción'. Ante nosotros la nueva vanguardia. Para ello se citaron sobre el escenario dos artes y un mismo protagonista: el público. RealismoPuntoCero consigue generar las condiciones necesarias para que cada representación suya sea una fiesta. Todo ello argumentado con una trama sencilla que sirve de hilo conductor de algo que resulta tan espectacular como refrescante. La atmósfera que crean es tan intensa, que el público inmediatamente toma el testigo como protagonista para participar en la orgía de música y color que se le brinda.

La cosa en el Teatro Cine de Los Realejos consistía en resucitar a un muerto. Resucitar a Jesús, Jesús Castellano, novelista y pintor. El guiño inicial era una metáfora sobre la necesaria revolución en el mundo de las artes plásticas, para que convulsione el insulso panorama pictórico en estos inicios del siglo XXI. Impresionaba contemplar a Jesús en su lecho mortuorio, con esas damas de riguroso luto que invitaban al público a entrar al velatorio. Sobre la escena, el muerto a un lado y un enorme lienzo en blanco en el centro. Al otro extremo, una mesa con útiles para pintar y toneladas de material de desecho. Al fondo del escenario, izada sobre el lienzo, una pantalla de cine. La música fúnebre completaba el conjunto inicial. De pronto unas voces rompieron el silencio y empezaron a recordar las virtudes y defectos del muerto. 

Lentamente apareció Jordi, el conductor de la velada, entre las bambalinas. Nos explicó el objetivo de la noche. Se trataba de resucitar al muerto, resucitar el arte. ¿Y cómo? Entre todas las personas que asistían al espectáculo. Porque el arte contemporáneo está maniatado, comprimido en manos de unas pocas voces que dictan sentencia y hunden a unos, o ensalzan a otros, sin que el espectador pueda intervenir. El arte es hoy un círculo cerrado de relaciones y compadreo, tal vez como siempre lo fue. Para RealismoPuntoCero es el momento de actuar. Es la revolución. Jordi invitaba al público a tomar las armas para reivindicar un arte colectivo, construido entre todas y todos.

Es entonces cuando ocurrió… Apareció por la puerta grande del teatro, JRamallo. Vestía mono de obrero, casco bélico tuneado y varias pistolas de agua. Sonaba James Brown, 'Get up offa that thing'. Ramallo era el flautista de Hamelin. Arrastraba tras de sí a varias personas que arrancó de sus butacas y, pistolas en mano, se lanzaron sobre el lienzo a impregnarlo de vida, de color. Empezó la fiesta. Luego más y más gente se animaba. La selección musical resultaba tan contundente como acertada. Aquello era ya un aquelarre. Y Jesús no pudo resistirse a la llamada de las brujas. Se levantó de su lecho, contempló todo eso, y se sumó al acto creativo. Porque estar vivo es crear. Y para crear se necesita el valor de saberse vivo. Todas aquellas personas contagiadas por un espíritu vital, contagiadas por la alegría de vivir para crear, insuflaron de nuevo aliento a Jesús. Su ResurreAcción resultó emocionante. 

RealismoPuntoCero trata al público con auténtico respeto. Le brinda opciones. Todas. Les abre el bar del teatro para que disfruten del espectáculo con una copa si lo desean. Que los espiritosos contribuyan a la fiesta. Les da la opción de contemplar en la pantalla los detalles de cuanto sucede en el escenario. Fundamental la labor de Manu, el cámara, con unos planos que desdoblan la realidad para convertirla en un reality show. Ese era el motivo de la gran pantalla que colgaba tras el lienzo. ¿Verdad, ficción? La cámara amplificaba la realidad. La desdoblaba. Ofrecía otro punto de vista. Incluso contribuía a fomentar el debate sobre si lo real era lo que se veía en el escenario, o lo que emitía la pantalla (tan manipulados andan nuestros cerebros con esto de las tecnologías). Pero no sólo eso brinda al público RealismoPuntoCero, también le da la opción de comentar aquello que desean a través de whatsapp. Jordi los iba leyendo a medida que entraban en su móvil. Descomunal. También Jordi era el encargado de transmitir las sensaciones que embargan a uno cuando crea. Para ello lanzó un huevo fresco de mano en mano entre la gente del público. Cada vez desde más lejos. El estómago se nos encogía en cada vuelo. Y claro, el huevo acabó estallando. Pero ese es el riesgo. Eso es sentirse vivo: atreverse a subir al escenario y pintar, atreverse a lanzar o recoger el huevo en su trayectoria vital. Soberbia metáfora. Así fluía la noche: efímera como el vuelo del huevo, como la vida.

¿Y… Cómo acabar aquella fiesta? ¿Cómo cerrar una obra teatral de tal magnitud? ¿Cómo saber que una obra de arte está acabada? También eso lo tenía controlado RealismoPuntoCero. Esta vez el final vino dictado por el tiempo. Un reloj. El tiempo que suele durar una representación. A la hora y veinte, más o menos, Jordi aludió al tiempo como verdugo, como juez, como tránsito hacia otros mundos. El reloj marcaba la conclusión de la pieza pictórica. Sólo quedaba asignarle una propietaria o un propietario. Para ello se subastó. De euro en euro el público tasó el precio final. Y un caballero con chaleco se la adjudicaba. Se la llevaba a casa. Enorme adquisición. Inmediatamente después una niña subía al escenario; allí sólo quedaba Jesús contemplando desde las alturas la magia de la vida, el paisaje lleno de rastros de vida. Y la niña le pidió que le invitase a una bolsa de papas fritas en el bar; le dio la mano y, antes de despedirse nos recordó: “atrévanse, que la vida no da segundas oportunidades, hasta siempre”. El aplauso final de nuevo resultó pura emoción.

Personalmente noté que la obra no tuvo ensayos previos. Disculpé tamaña improvisación. Se acusaron problemas técnicos a la hora de enlazarse unos temas musicales con otros. Nada importaba. Lo vivido era de tal intensidad, la fiesta resultó tan animada, que cualquier error era engullido por la categoría superior del suceso que estaba aconteciendo, por su brutalidad. A Jordi se le notó en ocasiones demasiado nervioso. Tal vez Jesús resucitó demasiado pronto y nos hubiera gustado conocer algunas impresiones de su experiencia en el lado oscuro… No tendremos otra ocasión como aquella para saberlo, porque 'ResurreAcción' es irrepetible. No podrá salir otra pieza pictórica igual. Ni vivir aquellas sensaciones. RealismoPuntoCero no repite espectáculos. Los reversiona, inventa nuevas tramas. Lógico, dado su espíritu revolucionario. JRamallo se encargará de nuevo, con su contundente presencia, con su pseudo domesticada fiereza, de contagiar vida y valor al nuevo público.

Viví la sensación de estar presente en el nacimiento de una nueva vanguardia. Algo así como si Eduardo Westerdahl, Agustín Espinosa, Roma y Óscar Domínguez habitasen de nuevo entre nosotros. El mismo espíritu lúdico, el mismo deseo de convertir el mundo en una creación colectiva. La misma intención de hacer algo nuevo con las artes plásticas. Y todo eso aquí, en la misma isla de Tenerife. Las obras de RealismoPuntoCero acabarán exhibiéndose donde merecen. Además esta gente sabe que el soporte videográfico documental que acompaña a cada creación colectiva, es un instrumento que incrementa el valor de sus trabajos. Cada pieza que subastan al final de sus espectáculos tiene el plus de hacer historia. Y no se pierdan el video resumen que cuelgan en su canal de Youtube, porque desean que la fiesta perdure, que rescatemos el recuerdo de lo que es la vida cuando lo consideremos necesario. El secreto es bien sencillo: instinto. El instinto como palanca de cambio, abrelatas del miedo y puerta dimensional hacia un nuevo estado de la materia en el panorama pictórico y teatral. Una nueva “Casa de Tócame Roque”, o una “Hora y media jugando a los dados”.

Larga vida a RealismoPuntoCero, y que el convulso panorama les permita seguir en el ejercicio de esa libertad vital.

 

RealismoPuntoCero se desata representando 'ResurreAcción' en el Realejo