“MAR”.  Zálatta Teatro.

Teatro Unión Tejina. 8 de mayo.

Jordi Solsona

 

En los desastres, normalmente encuentro refugio en el trabajo de las actrices y actores. Con lo visto hoy,  resulta imposible ni ampararme en eso. Porque vi a tres actrices y un actor como abducidos por las visiones del director. Combinaban el gesto hierático con la sobreactuación, todo ello aliñado con una afectación rayana al ridículo. Entonces, ante tamaño despropósito, me pregunto si el cuerpo actoral no tiene criterio. ¿Cómo es posible someterse a una interpretación de la dramaturgia tan folletinesca por parte del director? ¿Acaso no se dan cuenta del ridículo que hacen?. 

Pero es que “sigue un estilo próximo al de Ionesco y Beckett”, me dirán, como reza en el folletito ese que antes mencioné. ¡Y una mierda! “En alta mar”, la obra de Slawomir Mrozek no es una de sus mejores piezas, ni el enfoque que le da el director tiene nada que ver con Ionesco o con Becket. ¡Menuda soberbia atreverse a comparar! ¡Cuánta autocomplacencia! Este texto podría tener cabida en su época, pero no es  teatro del absurdo, y se aproxima poco a la denuncia social. No me explico cómo, a estas alturas, al director se le ocurre rescatar un texto tan demodé. Tampoco comprendo, una vez puestos, que, por lo menos,  no arriesgase con una puesta en escena a la altura de las circunstancias. Además el folleto dice que es “una adaptación” de la obra original, perpetrada por Franco Palmieri. Peor aún, porque adaptar puede ser sinónimo, incluso, de mejorar, de actualizar, de contextualizar. Nada de eso concurre en el “horror vacui” de hoy en Teatro Unión de Tejina. 

Y no puedo salvar la iluminación porque la del inicio es un puro desastre, llena de sombras que ensucian y desubican a las actrices… La del durante: monótona. La del final: calamitosa de nuevo. El vestuario tampoco: se me escapa el simbolismo del blanco níveo de las chicas; y la textualidad del vestuario del actor da grima en pleno siglo XXI. La música es… Se nota… Tanto… Que está hecha como puro relleno, sin significado alguno, más de lo mismo… Triste. La escenografía… Esa balsa intuida… ¿Era necesaria? Esa vela… Los farolillos en el proscenio que no dicen nada, que están ahí por estar, porque no tiene motivo, no son “las luces” de nada, ni literal ni figuradamente. ¡Qué desastre! ¡Qué hundimiento! 

Me quedan ganas de cargar más tintas sobre la dirección que, ahora que caigo, es bicéfala:Franco y Telesforo. Ellos son los máxime responsables del desaguisado. Me quedaría el consuelo si en esta ocasión han ido “a taquilla”, que queden exentos del caché que pagamos los contribuyentes a las compañías (cincuenta por ciento los Ayuntamientos, y el otro cincuenta el des-Gobierno de Canarias, por regla general, y otro día hablamos, si quieren). Apenas veinte personas en platea. Un tributo justo a tamaño disparate. 

Me apenan las crónicas así, porque le gusta disfrutar en el teatro, y no salir con una cara detonto que me llega al suelo. Y oigan, recuerden que es mi opinión, que parte del escaso público aplaudió mucho. No sé cuánto teatro habrán visto antes, un servidor suele comparar, como cuando voy a las galerías de arte o a las salas de subasta: procuro recordar la calidad de las obras que exhiben los museos, o las que se recogen en los libros de arte.

No arrojen sus dineros al “mar”. Es un consejo. Digo, un conejo.  

Amor y paz.

El folletito que recogí en la entrada del teatro ya anticipaba el desastre: 357ABA P351MAM3N73 35CR1T0. Malos augurios