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Crítica de 'La Lucha' por Santi Lecuona

La inconfundible voz de Valentina la de Sabinosa cantando el 'Baile del vivo' abre 'La Lucha' y da paso al rojo pasional de la ropa de brega. Los primerísimos primeros planos de los luchadores, moviéndose a cámara lenta entre el enfoque y el desenfoque, junto a la narración victoriosa de tiempos pasados, comienzan a diluirse como un eco entre el sonido de las agarradas y las voces de los entrenadores, que nos hablan del más inmediato presente. Y después, un plano más abierto de Miguel (Tomasín Padrón), reflexivo y, en cierta forma, melancólico.

En esos primeros minutos, José Alayón, director del filme, presenta los elementos que componen a un personaje que vivió tiempos mejores. Una presentación magistral que conducirá el resto del filme para hablarnos de una relación paterno–filial atravesada por la incapacidad para superar la pérdida y que recuerda, a través de ese pesimismo de Miguel, lo que era y lo que fue.

La otra parte protagónica del metraje la pone Mariana, la hija de Miguel, interpretada por una genial Yazmina Estupiñán, que aporta por instantes una vitalidad embriagadora, siendo imposible no conectar con ella. Un personaje que, con esa alegría apagada, busca su referencia vital en la figura de una madre fallecida, intentando imitarla como se hace en el juego pantomímico entre los bailadores del ‘Baile del vivo’; expresando la película —al contrario que con su padre— lo que quiere llegar a ser. Padre e hija comparten un mismo dolor al que no han podido sobrevivir, manifestando constantemente su frustración para lidiar con ello.

Para pasar del guion a la imagen, el equipo de 'La Lucha' decidió que el elenco perteneciera al mundo de la lucha canaria, y que fueran, por lo tanto, actores no profesionales al servicio de una trama que exige mucho a nivel dramático. Está claro que el papel que desempeñan Tomasín Padrón, Yazmina Estupiñán y compañía no es un rol fácil de llevar a cabo, pero sí es un rol en el que se nota el atrevimiento, la cercanía y la veracidad que se genera en la relación entre la película y el público.

Aunque el drama sea sobre la relación paterno-filial, la lucha canaria es al mismo tiempo un pretexto para contar esa historia, pero también un canalizador de las emociones que ambos personajes sienten. Se nota constantemente el cariño que el equipo ha puesto a la hora de indagar sobre este deporte vernáculo de Canarias, con situaciones que no suelen ser conocidas por el gran público, como la escena en la que los luchadores duermen en el terrero.

Me resulta inevitable no acordarme de 'El Luchador' (Darren Aronofsky, 2008), no por su formalidad —de la que distan mucho— sino por esa representación del cuerpo del luchador como un archivo del tiempo, donde se reflejan el sacrificio y el dolor de sus personajes. Y en la que ambas películas se recrean. También por su obvia relación entre padre e hija como parte fundamental de la trama.

Sin embargo, la referencia estética de 'La Lucha' recuerda algo más al cine documental, utilizando constantemente planos largos, observacionales, donde la acción transcurre de forma naturalista. En ese intento por acercarse al cine de realidad, se construye una dirección de fotografía de la mano de Mauro Herce, usando una cámara de 16 mm, lo que no solo da un look particular a la estética del filme gracias al grano, el color y la profundidad de campo, sino que aporta un cierto matiz de carácter improvisatorio. Evitando el artificio, la fotografía contribuye a una sensación de verosimilitud al reducir la fractura que hay entre la puesta en escena y la realidad, haciendo que la narración se perciba menos como una construcción ficcional.

Un relato que también se ampara en el uso de los planos generales para los paisajes. Fuerteventura vuelve a cumplir su papel de isla solitaria y árida; las casas se conforman como islas dentro de la isla, con una estética destartalada y precarizada. A ello se suma el desempeño laboral de sus personajes, representado en un clima industrializado y compuesto por matices fríos. Un conjunto visual que ayuda a intensificar el subtexto del filme, reforzando constantemente las emociones de Miguel y Mariana.

'La Lucha' es una película que se construye buscando un enfoque naturalista, respetando la lucha canaria y contando una historia que presenta una "aridez" emocional que termina calando fácilmente en el espectador. Y si el principio del filme nos remite al pasado, este cierre concierne sobre todo al futuro.

 Por Santi Lecuona