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EL DESGASTE SE VUELVE ORIGEN, exposición individual de Óscar Latuag

'El desgaste se vuelve origen' en La Laguna

Óscar Latuag lleva al Espacio Lapanera 'El desgaste se vuelve origen'. El trabajo de pintura y escueltura en madera del artista se expone desde el 27 de febrero al 11 de abril en el espacio lagunero de la calle Manuel de Ossuna.

En la obra de Óscar Latuag, el desgaste es virtud, es inicio. Cada hendidura, cada fisura y cada curva trabajada en la madera revela un tránsito más que una conclusión. La materia no aparece como algo fijo, sino como un cuerpo en transformación constante, donde el paso del tiempo no erosiona, sino que abre nuevas posibilidades de existencia.

La madera —maleable, orgánica, viva incluso después de haber sido árbol— se convierte en territorio de metamorfosis. Bajo las manos de Latuag, el material se curva, se pliega y se tensa, recordándonos que toda estructura contiene en sí misma la posibilidad del cambio. Sus esculturas parecen capturar ese instante suspendido en el que algo deja de ser lo que era, pero aún no termina de definirse. En ese umbral, la obra respira.

Las formas curvas evocan los movimientos silenciosos de la naturaleza: el crecimiento lento de una rama, la erosión paciente del agua sobre la superficie, la torsión interna que permite a un tronco resistir el viento. No hay imposición violenta sobre la materia, sino una negociación sensible con ella. La delicadeza del gesto convive con la tensión de las fuerzas que atraviesan cada pieza. La madera se dobla, pero no se quiebra; se abre, pero no se fragmenta del todo. En esa contención se manifiesta una poética de equilibrio inestable.

En esta exposición, la pintura y la escultura no se presentan como disciplinas autónomas, sino como territorios permeables. Las formas que emergen en la superficie pictórica parecen desbordar el marco, reclamar espesor, insistir en su voluntad de cuerpo. Las esculturas, por su parte, no se limitan a ocupar el espacio: prolongan gestos pictóricos, insinúan trazos que han abandonado el plano para volverse materia. Se produce así una contaminación de lenguajes donde la imagen se densifica y el volumen se vuelve signo.

La yuxtaposición de obras genera una experiencia de tránsito continuo. El espectador percibe cómo la materia pictórica parece solidificarse en las esculturas, como si el color y el trazo encontraran en la madera una segunda instancia de existencia. A la vez, las superficies curvas y tensas proyectan sombras que funcionan como dibujos efímeros sobre los muros, activando nuevamente el plano. La sombra se convierte en un tercer lenguaje: ni pintura ni escultura, sino un espacio intermedio donde ambas se reformulan.

Este desbordamiento no es un gesto formal, sino una declaración sobre la naturaleza misma de la materia: nada permanece en un solo estado. Todo se transforma, se desplaza, se reconfigura. El desgaste, lejos de señalar un final, evidencia la energía latente del cambio. Las vetas expuestas, las tensiones visibles, las superficies erosionadas hablan de procesos abiertos, de formas que continúan haciéndose incluso ante nuestra mirada.

En 'El desgaste se vuelve origen', Latuag propone una reflexión sobre la fragilidad como potencia y sobre la transformación como condición esencial.

Texto de Beatriz Roca.