Algo tendrá Christian Scott para dar tanto que hablar. Sin duda, ha sido una de las revelaciones del Festival de este año, por su magnífica interpretación (con su quinteto) y por la sensación que deja a su paso, la de estar ante un artista que despierta grandes expectativas. Es Scott una bocanada de aire en esta actualidad musical, jazz incluido, que no acaba de redefinirse, a medias entre tradición y nuevas tegnologías. Este trompetista, de insultante juventud (27 añitos) y carácter (tras esta actuación se fue para el Jazzaldia donde, además de acaparar atenciones dejó alguna perla como afirmar que el contrabajista Ron Carter era el que debía de sentirse orgulloso de compartir escenario con él), rescata aquellos tiempos (como los años 60) en que los músicos tenían mucho que decir a la sociedad; es sorprendente ver como practicando un jazz tan intelectual aborda cuestiones tan políticas como el matrimonio gay o el Ku Kux Klan, por citar algunas, o se desmarca con Eraser de Thom Yorke. Y además, es que lo tiene todo, porque viste elegante y es de esos pocos a los que se les permite ser snob y algo perdonavidas.
Después de esta emocionante actuación, le tocaba el turno al más conocido Gerald Toto. Quizás por consabido, por el contraste con lo anterior, o porque a la banda le costó algo entrar en calor, lo cierto es que su paso por el escenario quedó en un liviano, amén de notable, entretenimiento popular, que cumplió a la perfección con su papel de ciudadano y músico global de estos comienzos de siglo XXI que ya dejamos atrás.
Plaza del Charco, (Puerto de la Cruz), 16/07/10
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