La cantante, compositora, productora, guionista, actriz e icono de la contracultura contemporánea, Samantha Hudson, regresa a los escenarios de Canarias la próxima semana con la gira de presentación de su tercer trabajo discográfico 'Música para Muñecas' (Subterfuge, 2025) en dos conciertos: el jueves 9, en la jornada inaugural de LALA Music 2026, en Aguere Cultural, en La Laguna; y el sábado 11 de abril, en el Monopol Music Festival, en la trasera del parque Santa Catalina en Las Palmas de Gran Canaria, a partir de las 19.00, junto a otros artistas invitados a esta edición como son NinfA, Silde, Alizzz, Lopez House, Compota de Manana y Juan Hansen.
En esta entrevista, realizada mediante cuestionario, Samantha Hudson habla de su nuevo disco, de la identidad y la diversidad, y del derecho a hablar sin tapujos y defender el espacio legítimo que ocupa,
El directo de Música Para Muñecas es realmente especial, un híbrido de concierto y performance de danza contemporánea que atrapa al espectador en una red de coreografías marcianas, discursos y un diseño de luces estroboscópico, todo ello acompasado por el repertorio del álbum homónimo y los grandes éxitos de mi carrera. Me gusta pensar que todo el que tiene la suerte de verlo transiciona irremediablemente. Este álbum es mi trabajo más sólido hasta la fecha, una obra ideada con el corazón, confeccionada con el alma y ejecutada con el coño. Por eso, encontrarme con mi público así como es, tan variopinto, diverso, intergeneracional y transversal, me resulta el mayor de los regalos y verdaderamente siento que con cada espectáculo tiene lugar una hermosa comunión.
Siempre es necesario alzar la voz en defensa de los derechos humanos, más aún cuando nos enfrentamos a una ola reaccionaria que azota el mundo entero. Pienso que todas tenemos la responsabilidad de combatir el odio y la discriminación, aunque sea cada una desde su pequeña trinchera.
Lo he encontrado, pero siempre tendré que perseguirlo. Poder vivir de mi arte es mi sueño y tengo la suerte y el privilegio de estar haciéndolo. Ahora bien, la precariedad es un monstruo que siempre acecha y dedicarte a esta profesión no es un camino de algodones. Digamos que no es nada fácil entregarte a tu obra cuando el contexto te atraviesa como una lanza.
Creo que si hablamos de un auge reaccionario es absurdo poner el foco en el activismo queer. Tal vez las estrategias a las que te refieres han sido criminalizadas, estigmatizadas, ridiculizadas y demonizadas por el fascismo. Quizás, para una persona que odia y discrimina sea mucho más fácil culpar de su odio a las personas que odia y discrimina en vez de hacer autocrítica. Igual tenemos un problema como sociedad cuando nos resulta más cómodo pensar en qué puede haber hecho mal la víctima en vez de señalar al agresor y a las estructuras de poder que lo respaldan. Puede ser que la culpa del fascismo la tengan los fascistas.
'Algo Muy Raro' es la canción que cierra mi último álbum Música Para Muñecas y en ella reflexiona: "¿Qué tiene de malo cantarle al cielo si en él encuentras respuesta a tu miedo?". Creo que una puede vivir su fe de forma libre y es comprensible que la espiritualidad nos ofrezca la profundidad y el consuelo que no encontramos en nuestro día a día. Ahora bien, eso es una cosa muy distinta a que tu fe sirva para amplificar la propaganda reaccionaria de una institución religiosa y perpetrar las mismas violencias sistémicas de siempre.
Siempre me ha resultado curioso este interés mórbido por "el personaje", como si esperaran "destapar la realidad". A veces, una encuentra en la máscara la verdad más íntima de quién es realmente y creo que sería injusto tildar de farsa, pantomima o teatro cualquier aspecto de mi vida. Yo soy auténtica desde que me levanto hasta que me acuesto pues el ser humano es poliédrico. Respecto a la segunda pregunta, creo que la disidencia va más allá de ese sistema cultural mainstream del que hablas. Puede que yo esté en una situación mucho menos vulnerable que otras personas del colectivo pero se trata de tener una identidad que subvierte las normas sexo-genéricas, una identidad que la ultraderecha y las élites globales señalan como un objetivo a combatir. Se trata también de que mis derechos peligren cada vez que hay elecciones, de que todo el rato se cuestione mi existencia como si ésta pudiera ser sujeto de debate. Se trata de que, aunque viva de mis giras o salga en programas de televisión, unos neonazis me hagan un escrache, me acosen diariamente en redes o me amenacen de muerte en la estación de tren entre varios ejemplos. Y cuando, a pesar de todo ese acoso y derribo, una decide hablar sin tapujos y defender el espacio legítimo que ocupa, entonces no creo que podamos hablar de una postura puramente estética. La disidencia es un grito colectivo, un canto coral del que participo yo junto a todas mis compañeras.
Me gusta aprovechar la plataforma que tengo para hablar de lo que creo importante, así que acepto con gusto la responsabilidad de ofrecer siempre una mirada lo más crítica posible.
De momento me quedan unos cuantos conciertos de Música Para Muñecas por delante. Por lo que pienso exprimir al máximo esta gira y concentrar toda mi energía en darle al público la mejor experiencia de sus vidas.
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