La práctica deportiva en edades infantiles es esencial para el desarrollo fisiológico y mental, pero existe el riesgo de que determinadas conductas agresivas por parte de las familias, los compañeros y los entrenadores provoquen secuelas que condicionen el desarrollo futuro de los y las menores. El caso del deporte competitivo es especialmente preocupante, porque se ha vuelto un entorno altamente exigente. "Esto es una opinión personal, pero creo que ya no existe el deporte de base porque lo hemos convertido en espectáculo. Hay público animando por un rendimiento, no por un disfrute ni por un aprendizaje", reflexiona Gonzalo Silio, psicopedagogo, delegado de Protección a la Infancia del Real Racing Club de Santander e integrante de la iniciativa de protección y bienestar de los menores en el ámbito deportivo Bien Hecho.
Silio es codirector del curso de la Universidad de Verano de Adeje 'Protección de la infancia y la adolescencia en el entorno deportivo' junto a Daniel Arriscado, del Departamento de Didácticas Específicas de la Universidad de La Laguna. Explican que el curso se refiere a la protección de diferentes riesgos a los que se exponen los y las menores en este ámbito: tanto los explícitos de la actividad física como la violencia diaria y cotidiana. "Los niños y niñas son las personas que más violencia reciben en nuestra sociedad, de todos los tipos, desde la sexual, que es de la que se nos habla muchas veces, con contacto o sin contacto; hasta la psicológica y las negligencias, que son las más comunes y afectan a la mitad de la población", explica el primero de los expertos.
Como señala Daniel Arriscado, tener problemas en esta etapa de la vida es especialmente peligroso porque es el periodo clave, entre los 8 y los 12 años, cuando se desarrollan características esenciales como la coordinación y la personalidad. "Lo que ellos y ellas vean en sus entrenadores y familias les va a impregnar y eso, ya cuando somos adultos, es muy difícil de modificar. De ahí la importancia de las primeras etapas". Es, por ello, el momento ideal para introducir hábitos de vida saludables en cuestiones como la dieta, puesto que si se adquieren a edad temprana, es probable que se mantengan a lo largo de la vida.
Una figura que critica Gonzalo Silio es la de ciertos entrenadores de deporte base que consideran que presionar y violentar a un menor es la forma de obtener su mejor versión. "Es lo contrario: la presión que hace desarrollar a las personas es la interna. Si tú trabajas en motivación interna con las personas, las desarrollas; si trabajas en una amenaza externa, se van a defender, pero no vas a desarrollar sus máximas posibilidades". Además, en la actividad de los entrenadores entran en juego también factores como el contacto físico, los vestuarios y las pernoctas, que facilitan que alguno de ellos "puedan abordar la esfera íntima de las personas y perpetuar delitos de carácter sexual".
Otro factor sobre el que hay que proteger a los niños y niñas es la figura de los padres y madres que, ya en competiciones deportivas infantiles, increpan a los árbitros o incluso a los jugadores del equipo contrario pese a que sean menores. "Un contexto que valida la violencia hace que se tengan conductas violentas", señala Silio. "Hay también violencia entre iguales, pero la diferencia es que de un compañero te puedes defender casi siempre mejor que de un adulto. Aunque no hay una investigación que lo diga al 100%, ¿dónde aprende un niño o una niña a tener comportamientos violentos? Si va a un escenario deportivo donde la gente se insulta, amenaza, grita, protesta, pues aprenderán esas conductas. Así que ahí, seguramente".
Diego Arriscado se extiende sobre esta cuestión: "Hubo ayer una frase de un ponente que me gustó mucho: 'A veces las expectativas de los padres terminan con las ilusiones de los menores'. Y esto es algo muy importante a tener en cuenta, tanto por parte de las familias como de los entrenadores. Si hablamos del deporte en la etapa infantil y juvenil, debería ser educativo y basado en el juego y quitar valor a esa competitividad". A lo que Silio añade: "Estas presiones y expectativas dificultan que sea un lugar de aprendizaje. Es una de las razones por la que el 40% de los niños abandonan el deporte en España".
La acción institucional también es clave para resolver este asunto. Desde 2021 ha entrado en vigor una ley que obliga a implementar entornos que favorezcan la seguridad de la infancia. Por ejemplo, se ha creado la figura de responsable de bienestar escolar en los centros educativos y en las entidades deportivas.
El alumnado del curso está compuesto por educadores deportivos, maestros y personas relacionadas con la práctica de la actividad física, que en general han manifestado su satisfacción con esta propuesta porque se habla de la raíz del problema. "Están encantados porque tratamos de su día a día y se sienten más empoderados y competentes con esta formación", señala Silio. "Esta colaboración entre el Ayuntamiento de Adeje y la Universidad ayuda a generar una ciudadanía del futuro más responsable y que use más habilidades para la vida. Porque el desarrollo deportivo no solo mejora la salud personal —con lo cual hay más longevidad— sino que mejora la calidad de las relaciones entre las personas. Y el deporte tiene que existir para eso".
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